

Janes Addiction no lo tenían fácil en su paso por Rock In Rio. La mayoría de los asistentes habían ido expresamente a disfrutar de Cypress Hill y Rage Against The Machine, y ellos quedaban un tanto descolgados o desubicados en el cartel de hoy. De los allí presentes, eran minoría los que conocían la importancia de esta banda dentro de la historia del Rock, y más del Rock Alternativo con mayúsculas. Sin embargo, a pesar de la dificultad, los Angelinos sí consiguieron meterse en el bolsillo a gran parte del público. Todo un lujo disfrutar prácticamente de la formación original de la banda, y doble lujo con la nueva incorporación en el bajo, Duff Mckagan (ex-Guns & Roses y ex-Velvet Revolver). Toda una banda de culto y toda una leyenda viva sobre el Escenario Mundo de la Ciudad del Rock. Banda que en su momento, supuso toda una revolución con su primer disco de estudio Nothing’s Shocking, con el que dieron un giro de 180 grados a la escena musical del momento, para darlo finalmente de 360 º, con la obra de culto, Ritual de lo habitual.
La lluvia dió una tregua durante su actuación, para disfrutar de un directo impecable con unos Dave Navarro y Duff Mckagan, trepidantes en la guitarra y bajo; y un Perry Farrel, entregado y hasta hablando castellano, a pesar de que su voz ya no es la que era. Botella de vino en mano, e intetando revivir la puesta en escena de antaño (chicas explosivas incluidas en escena ), resultaba sobreactuado en algunos momentos, y a día de hoy, no resultaba creible. Quizá echamos de menos, la espontaneidad y la tensión en el escenario de sus míticas actuaciones en sus orígenes, pero eso es imposible ya que la época de sexo, drogas y rock n’ roll ya quedó muy lejos en el tiempo. Ahora teníamos unos Jane’s Addiction más “inteligentes” con una actuación controlada, y estudiada y una ejecución musical ténicamente, perfecta. Unos Jane’s Addiction que dejaron atrás las rencillas internas que les llevaron a la disolución de la banda en pleno éxito, y esto quedó patente es escena, cuando Farrel abrazó a Dave Navarro, y lo llamó en castellano: “Mi hermano”.

Echamos de menos, de manera casi imperdonable, vivir en directo la mítica intro “señoras y señores, nosotros tenemos más influencia con sus hijos que tu tienes pero nosotros los queremos, creado y regado. Con ustedes desde Los Angeles… Juanas adiccion…” Pero lo compensaron con una sucesión de grandes temas centrándose en Nothing’s Shocking y Ritual de lo Habitual, algo que se agradeció con creces, comenzando con Mountain song que nos puso los pelos de punta desde el primer acorde y Ain’t no right. Y nos sorprendieron con versiones de sus propios temas, aunque los verdaderos fans, entre los que me incluyo, hubiéramos preferido la versión original, en temas como Been Caught Stealing, Ted Just Admit It, o Three Days, entre otros, que aunque ganaban en impacto y actualidad, perdían esencia y misticismo. Volver a revivir el tema de Stop, fué sin duda uno de los grandes y excitantes momento de su actuación, junto a su gran clásico Jane Says, y Chip Away con toda la banda al completo en el centro del escenario tocando los tambores. Un cierre sorpresa que puso fin a una actuación que cumplió y justificó de manera perfecta su presencia en el festival. Pero tras la tempestad eléctrica, llegó la calma, y la nostalgia, y la pregunta de si tiempos pasados fueron mejores, y aunque quizá duela reconocerlo, la respuesta indiscutible es: Sí.
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