Salem – King Night (shoegaze/emotronica)
Ha pasado casi un año desde que Salem publicasen este King Night, su debut, y en dicho lapso de tiempo Internet se ha visto salpicada por varias reseñas de marcado corte idiota, destacando por encima de todas la publicada en la web ¿musical? Jenesaispop. En ellas se ha enfatizado sobremanera la etiqueta de genial nombre pero necio significado witch house, así como la aseveración descriptiva Salem suenan como M83 en un walkman que se esta quedando sin pilas (y la variante que juega con la velocidad de giro del plato de cualquier tocadiscos), y ambas cosas resultan autenticas aberraciones. Tanto por el flaco favor que hacen a uno de los grupos mas fascinantes que han aparecido en el cada vez mas homogéneo panorama internacional como por la manera de evidenciar la necedad de quien escribe las reseñas. Menos mal que Javier Blanquez y Juan Cervera, que si saben de lo que hablan y procuran hacer justicia (tanto al objeto de la critica como al oficio que supone escribir), equilibraron un poco la balanza con sendas criticas notables. Otra cosa bastante molesta es el hincapié puesto en la supuesta drogadicción y pasado gayer (en su modalidad de pago) de John Holland, uno de los 3 miembros del grupo, convirtiendo toda reseña en algo mas próximo a un testimonio de superación de cualquier carguito de la Fundación de Ayuda Contra la Drogadicción simulando ser un ex yonqui que en una critica musical propiamente dicha. Así no, joder; a un grupo con un sonido tan etéreo y misterioso como Salem no se le puede tratar como a una Amy Winehouse de la vida. Casi mejor todo lo contrario: habida cuenta que ellos dosifican al máximo la información que quieren se sepa (ahí están las enigmáticas portadas de los eps anteriores a King Night para atestiguarlo), no vengáis a hacer periodismo rosa musical hablando de lo que carece de importancia al comentar una obra semejante. Llegáis, citáis sus nombres (Jack Donoghue, Heather Marlatt y el ya mentado John(ki) Holland), sus influencias o lo que creáis que pueden serlo (Boards of Canada, Aphex Twin, M83, My Bloody Valentine, Portishead, Dead Can Dance, Angelo Badalamenti/Julee Cruise, Atari Teenage Riot, con quienes comparten productor, y, por supuesto, Burial, al que tenían que haber imitado en cuanto a preservar la imagen misteriosa) y pasáis a comentar la música. De aquella manera. Vuestra manera.
(Nota: en esta ocasión no voy a hacer alusión alguna al contenido de las letras de las canciones. Prefiero que permanezca el halo de misterio que da ese i love you de otra dimensión que abre el disco)
King Night es uno de los discos mas cinematográficos que uno se pueda echar a las orejas, cada corte parece concebido para acompañar una secuencia de cualquier película de cadencia sonámbula que se os ocurra, o directamente toda la filmografía de Jean Rollin, que para el caso es lo mismo. Esto no es descabellado, pues Salem lo han dejado entrever con los magníficos videos que ellos mismos elaboran y lo han confirmado reconociendo al cine como principal influencia, por encima de cualquier grupo o genero. King Night abre con unos coros que compiten con lo que aun no se si son guitarras o sintes saturados, y la canción encajaría perfectamente como acompañamiento a la persecución de Robert Mitchum a los huérfanos en La Noche Del Cazador (Charles Laughton) o como sustitución de la versión del Song To The Siren a cargo de This Mortal Coil en un pasaje muy determinado de Carretera Perdida (David Lynch). Asia es, sencillamente, una canción que no te puedes sacar de la cabeza ni con una autotrepanación, pareciendo cosa de un Gary Numan ocultista. Si bien el video rodado por Salem se me antoja perfecto, no desentonaría como cierre en Acoso En La Noche (Jean Rollin), mientras vemos a Brigitte Lahaie y Vincent Gardere andar cogidos de la mano y desposeídos de toda voluntad a una muerte segura. Que canción y que final, parecen hechos para encajar quirúrgicamente. Frost, con los susurros de Heather imbuyendo toda la canción de un tono fantasmagórico que recuerda a la simbiosis perfecta entre Bilinda Butcher y Julee Cruise, bien podría ser (el titulo no creo que sea casual) cualquier canción cantada por esta ultima en la cantina de la serie Twin Peaks (David Lynch/Mark Frost). Romanticismo de otra dimensión.
Sick, con unas bases que parecen haberse tomado lidocaína mientras eran programadas, cuenta con un rapeo grave y desganado que recuerda a las amenazadoras primeras apariciones de Freddy Krueger en Pesadilla En Elm Street (Wes Craven), cuando el psicópata aun no era un sátiro y daba autentico canguelo al erigirse en Dios único del mundo de los sueños (y, por lo tanto, hacer y deshacer a su antojo la poca lógica que sustentaba el mundo de lo onírico). Release Da Boar es la mezcla perfecta entre M83 y My Bloody Valentine, con unas frecuencias que parecen venir de otro plano dimensional o, simplemente, recordarnos que quienes estamos al otro lado, realmente, somos nosotros, como sucede a lo largo de Carnival Of Souls (Herk Harvey). Trapdoor retoma los fraseos psicopáticos y añade casi a la mitad del tema una línea de sinte que sera lo mas festivo (dentro de los márgenes anestesiados en los que se mueven Salem) que oiremos en todo el disco. Un poco morir, desprenderte de tu cuerpo e irte de fiesta velando por alguien en una ciudad de neón, como sucede en Enter The Void (Gaspar Noé). Redlights nos devuelve a Heather, solo que acompañada esta vez de un sinte sostenido que juguetea con frecuencias casi propias del acid, y podría musicar perfectamente la excursión a la luz del día a las rocas de las colegialas de Picnic En Hanging Rock (Peter Weir) o cualquiera de los sueños de La Ultima Ola (de nuevo Peter Weir). Hound, con esas percusiones casi tribales y el aire trágico de los sintes, habría quedado de maravilla en el críptico y alucinado final de Les Herbes Folles (Alain Resnais). Como si lo viese.
Traxx no deja de lado las percusiones tribales, y el tono de Heather suena marcadamente depresivo en esta ocasión, como anticipando algo inminente o lamentándose por la mierda de realidad que le ha tocado vivir. Niquelada para el ultimo plano fijo en forma de fresco vivo que se muestra en Canciones Del Segundo Piso (Roy Andersson). Tair samplea bombos del Wake Up de Laurent Garnier y, sin ser mala canción, quizá sea la única prescindible del disco, pues es la que mas se asemeja al hip hop convencional. Por ese mismo detalle tampoco se puede asociar a una película de ambiente somnoliento, por lo que da igual que diga que le pega a la TV Movie Felipe y Letizia (Joaquín Oristrell) mientras Marichalar se canta unas rimas guapas en una narcocena fuera de plano que a Simón Del Desierto (Luis Buñuel), entendiendo que las rimas son las cosas que le dice el estilita al diablo. Killer nos saca del agradable amodorramiento en que nos ha sumido todo el disco, cerrando con esta coda que resulta muy próxima al shoegaze de toda la vida, solo que con la acostumbrada voz cansada, casi hastiada. La explosión de ruido como contraste a lo perezoso de las bases y la voz hace que sea perfecta para acompañar otro final de película de Jean Rollin, concretamente el de La Vampiresa Desnuda y su recurrente (en la filmografía del francés) playa, la cual observa como dos amantes enfrentan amor y muerte para trascender lo fútil de su vida. Que dicho así parece una mariconada, claro, lo suyo es ver la escena con la canción de fondo.
Un disco casi perfecto, realmente sugerente y misterioso, de atmósferas etéreas y extrañamente románticas. Imprescindible, tanto por la música que contiene como porque nos recuerda que las pesadillas, casi siempre, son mejores que la realidad. Y si no os lo creéis, ahí queda la venidera reforma constitucional que nos vamos a chupar para demostrarlo. A tope con la democracia, claro que si.
Salem – asia
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