Anoche, en el Pabellón Príncipe Felipe de la ciudad de Zaragoza, se percibía una sensación especial, y es que íbamos a vivir en nuestras propias carnes el calificado como el directo de la década, el que ofrece ese increíble cuarteto escocés, liderados por el carismático Alex Kapranos, que decidieron bautizar su formación con el nombre de Franz Ferdinand, en alusión al archiduque austro húngaro cuyo asesinato desencadenó la Primera Guerra Mundial.
Pero antes, y para ir calentando los motores, nos aguardaba la actuación de unos teloneros que tenían la difícil labor de hacer el warm up y prepararnos para el huracán que vendría a continuación.
Se trataba de los estadounidenses The Phenomenal Handclap Band, una formación que homenajea al hedonismo musical de finales de los 70 y principios de los 80, en una amalgama de sonidos que nos pueden recordar a Hercules & Love Affair, The Juan McLean o, incluso a The Go Team. Es decir la filosofía Studio 54 en su máxima expresión.
La multitudinaria banda demostró su buen hacer y una enorme ilusión durante la ejecución de las piezas de su reducido repertorio, con temas tan efectivos como I’ll Disapear o 15 To 20, pero en ese momento el público asistente aún era escaso, y es que la inmensa mayoría esperaban a hacer tiempo para la llegada de los de Glasgow.
Poco después de las 21:30, y acompañados por música extraída de la banda sonora del Servicio Secreto de Su Majestad, una de las películas de la saga de James Bond, entraron en escena los protagonistas de la noche.
Sin apenas darnos tiempo a asimilar su aparición en el escenario, empezaron a sonar los acordes del No You Girls, y la fiesta comenzó en el pabellón con un público entregadísimo y que ya llenaba buena parte del recinto. Hay que destacar los estupendos visuales que se proyectaban en la enorme pantalla situada en el escenario y que acompañaba a cada uno de los temas, un elemento que contribuyó a la espectacularidad del concierto.
Tras este tema, Kapranos, con un español nada desdeñable, saludó al público zaragozano y confesó que esta era su primera vez en esta ciudad, cosa que podemos corroborar los que esperábamos con ansias a la banda por estos lares.
Tras la presentación, comenzó la frenética actuación, con toda la retahíla de hits de sus tres aclamados álbumes; temas como Michael, Do You Want To, Can’t Stop Feeling, Dark Of The Matinee, Live Alone o The Fallen, hicieron estallar a la gente congregada allí, sin dar un segundo de respiro, ni siquiera bajó el fervor, con piezas mas down tempo, pero igualmente bestiales, como Walk Away o esa maravilla llamada Auf Achse, uno de mis temas preferidos del grupo y cuya traslación en vivo me puso los pelos de punta.
Por supuesto el culmen llegó cuando sonó ese himno llamado Take Me Out, que se ha ganado , no sin razón, el puesto de mejor canción de esta década que está a punto de acabar y que provocó la catarsis en el publico. Por momentos parecía que el lugar se venía abajo, con la gente gritando y coreando este mega hit, y es que pocos momentos logran condensar una fuerza tan brutal como la que se produjo en ese instante.
Tras este gran momento, nada mejor que bajar las revoluciones, pero no demasiado, con otra joya extraída de su primer álbum, como es la deliciosa 40 Feet.
Y ya en la recta final del primer tramo del concierto, otro bombazo como es el pegadizo Ulysses, el gran éxito de su último disco, para cerrar con el que, en opinión de un servidor, es el mejor tema de la discografía de la banda, el genial Outsiders, que en directo suena aun más sucio y funkoide que el original. Pero lo mejor de este momento llegó al final, cuando los cuatro integrantes de la formación se pusieron manos a las baterías y tocaron los acordes percusivos del tema con una enorme energía y un ritmo increíble, regalándonos una no tan improvisada batucada, que contagio a la sala y remató una primera parte perfecta en todos los sentidos.
Tras un breve lapsus, los cuatro artistas volvieron a subir al escenario para tocar Tell Her Tonight, seguida de This Fire, una metáfora bastante indicada para lo que estaba sucediendo, en estos momentos, en esta ciudad.
Y por fin, un esplendoroso tramo final con dos temas de su último disco, como son What She Came For y esa maravilla electrónica y depeche modeniana, que es Lucid Dreams, cuyo electrónico y extenso final sirvió para que los escoceses se explayaran con un largo momento ácido, technificado , sintético y muy bailable, que sirvió para que cada uno de los integrantes se fuera despidiendo uno por uno, hasta acabar de una manera espectacular e increíble.
Sin embargo, la desaparición no fue total, ya que tras dejarse de escuchar los últimos acordes, la banda volvió al escenario, ante los vítores del público, para saludar a todos, como los grandes artistas que son.
Tras esta hora y tres cuartos de actuación, la sensación que nos quedó fue la de haber sido participes del directo más importante de los últimos años; el de una banda que ya ha firmado, a fuego, su nombre entre los más grandes de la música.
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Franz Ferdinand