Crónica: Sónar Sabado Noche

Tetsuo | Eventos | Martes, Junio 24th, 2008

yazoo sonar 2008Sin apenas recuperarme de la resaca de la noche del Sonar del viernes, cuya crónica publiqué en otro artículo de la web de dj san roman, llegó el sábado y, con él, otra apoteósica jornada de este importante festival.

Y la verdad es que se trataba de una noche especial, ya que iba a tener lugar la actuación estrella de esta edición, la de unos resucitados Yazoo, que venían a ofrecernos un concierto exclusivo, después de tantos años sin prodigarse demasiado.

Así que nos dirigimos al Sonar Club, con el objetivo de conseguir un buen puesto para apreciar la actuación en todo su esplendor, y cuando llegamos estaba calentando el ambiente el dj Angel Molina, el cual, para la ocasión, se había decidido por un esplendido set de electro tech, con una enorme vena pop y un aire a la electrónica de principios de los 90, realmente evocadora, sin dudas, Angel eligió el sonido perfecto para ir caldeando el ambiente antes de la llegada de la actuación estrella, y demostró que es un dj todoterreno, capaz de adaptarse a todo tipo de situaciones.

Tras el set de Molina, y con algo de retraso, hicieron su aparición los esperadísimos Yazoo, un Vince Clarke y una Alison Moyet, ambos en plena forma, aunque con unos añitos de más, dispuestos a darlo todo y a ofrecernos su retahíla de éxitos imperecederos y evocadores.

Mientras que Alison derrochaba una gran energía sobre el escenario, Vince permanecía estático tras sus aparatos, cual miembro de Kraftwerk. Curiosa era la gran estampa de la Moyet, acompañada de un atril, donde reposaba una enorme copa de brandy, que era rellenada cada vez que la cantante se bebía su contenido, con la consiguiente ovación del público allí congregado.

El concierto dio comienzo con uno de sus mejores temas, el gran Nobody’s Diary, que seguro puso la carne de gallina a más de uno, una sensación que tardaría en irse en mucho rato, ya que tras este siguieron joyas como Goodbye 70s, Ode To Boy, la desgarradora In My Room, donde Alison demostró que además de poseer una portentosa voz, tenía unas increíbles dotes como actriz, además de otras maravillas como Bring Your Love Down, State Farm o Midnight, todas ellas acompañadas de unos más que increíbles visuales.

Pero los últimos, y más impactantes, cartuchos, habían sido reservados para el final, en los que, uno tras otro, fueron sonando sus mayores hits, es decir, Situation, Only You y, por supuesto, Don’t Go, como enorme traca final y colosal cierre para una maravillosa actuación que será recordada por los tiempos de los tiempos.

Tras el concierto, Alison y Vince se despidieron muy cortésmente, haciendo una reverencia hacia un público que no dejaba de vitorearles.

De nuevo, Angel Molina se puso a los platos, siguiendo la estela que había comenzado en la primera parte de su sesión, cuando hacía la previa a Yazoo.

A continuación hicieron su aparición los hermanos Dewaele, esta vez como Soulwax, con sus consabidos trajes blancos y su gran banda, dispuestos a tocar sus remixes y bootlegs.

Sin embargo, la siguiente tarea era buscar algo con lo que llenar el enorme vacío que había dejado la caída de cartel de la gran M.I.A., por problemas de salud, y barajé la posibilidad de ir a ver a Miss Kittin, que estaba en el Sonar Pub, cantando, en directo los temas de su último disco, Batbox, pero cuando ví que el live de la gatita solo iba a consistir en sus típicos grititos y tañidos, de los que ya estamos más que cansados, con todo el respeto para la señorita Herve, opté por quedarme en el Sonar Lab, donde tenía lugar el showcase de la gente de Freerange, representada, en ese momento, por una de sus estrellas más rutilantes, Jamie Odell, más conocido como Jimpster, que estaba realizando un set de tech house bastante divertido y digerible, acompañado por percusiones en vivo.

Tras este entretenido momento, nos dirigimos al Sonar Park, a ver que se cocinaba en los platos del colectivo africano-portugués, Buraka Som Sistema, y, la verdad, es que no me esperaba escuchar, de manos de esta pareja de djs, un set de electro tech sucio y pistero, con enormes aires nu rave, incluso pude escuchar un tema que había pinchado Diplo, en la noche anterior.

Por supuesto, el set estuvo acompañado en todo momentos, por el simpar MC Conductor, que animaba a la gente con sus arengas festivas y sus frenéticos bailes.

Entonces decidimos volver al Sonar Lab, y por el camino, logré captar, desde el Sonar Club, los ritmos del NY Lipps, por lo que deduje que el live de Soulwax entraba en su recta final.

Ya en el Sonar Lab, de nuevo, pudimos escuchar los últimos coletazos del live de Milton Jackson, la otra representación del sello Freerange, que ofrecía un sonido que se movía entre el tech house acido y el estilo Border Community.

Un parón y el consiguiente sonido de una sirena, nos anunciaba que iba a empezar el set del dj, productor y remezclador de moda, es decir, Ali Dubfire, cincuenta por ciento de la afamada formación house Deep Dish.

Y la verdad es que el nuevo acolito de las huestes de M_nus y Cocoon, no decepcionó, tirando de un tech house contundente, mirando hacia un minimalismo colorista y una electrónica de baile, plagada de brillantes matices, los mismos a los que el iraní nos tiene acostumbrados en los últimos tiempos.

El set transcurrió bastante fluido, dejándose oír unos ritmos altamente bailables y una música realmente infecciosa, con temas como el Grindhouse de Radio Slave.

Pero no pude disfrutar del set plenamente ya que estaba pendiente de la que era la otra gran actuación de la noche, y una de las más esperadas del festival: el live de X102, el proyecto detroitniano, originariamente integrado por Jeff Mills y Robert Hood, y que se trataba de una maravillosa extensión del sonido Underground Resistance, colectivo del que ambos artistas son fundadores.

Para la ocasión, Jeff Mills venía acompañado de otro de los ilustres militantes de UR, el gran Mike Mad Banks, que sustituía a Hood en esta aventura, con la intención de ofrecernos, en directo, los temas de su clásico X102 Discovers The Rings Of Saturn.

Nos encontrábamos ante un momento exclusivo, no solo porque era el primer live que ofrecía este proyecto desde hace casi quince años, sino porque venía acompañado de impresionantes visuales consistentes en imágenes inéditas del planeta Saturno, recogidas por la onda Cassini, con lo cual la expectación despertada por esta actuación era enorme.

De esta forma nos adentramos en el Sonar Club, lugar donde iba a tener lugar esta experiencia, aunque con miedo de pillarla empezada, ya que me había entretenido demasiado con el interesante set de Dubfire.

Sin embargo, la sorpresa llegó cuando, tras escuchar los primeros acordes de la intro del álbum, el sonido cesó y el directo se suspendió, momentáneamente, por problemas técnicos, con el consiguiente estupor del público.

Tras un rato de incertidumbre, todo pareció arreglarse y Mills y Banks pudieron ofrecernos esa gran actuación, con esos maravillosos e indescriptibles visuales.

De nuevo, la planeadora introducción del álbum volvió a hacer acto de presencia, extendiéndose durante un rato, para desesperación de los oyentes con ganas de marcha, pero para deleite de los que hemos disfrutado plenamente de esa maravillosa obra y sabíamos lo que los de Detroit nos podían ofrecer.

De esta manera, tuvimos ocasión de disfrutar del lado más exploratorio y cerebral del sonido Detroit, acompañado por las primeras e impresionantes imágenes que trajo la onda Cassini de su periplo espacial, alrededor del planeta de los anillos. Por momentos, parecía que estamos viviendo en el interior de una película de ciencia ficción.

Hasta que por fin, y para contento de gran parte del público, los detroitnianos empezaron a soltar sus temas más bailables, dejando oír trallazos como C Ring, B Ring, Phoebe, Hyperion, Dione, Mimas, Enceladus o el experimental Tethys, de vez en cuando también podíamos escuchar los siderales efectos de ese interludio que es Rhea. Tras un rato sin parar de bailar, volvieron a la onda mas exploratoria con el inquietante Iapetus, para retomar la pista de baile, a través de ese trallazo que Titan.

Una nueva incursión en el techno exploratorio, con la consiguiente desesperación de los que buscaban algo mas movido, y de repente, como broche de oro y apoteósico final, sonó el ravero y megalítico track Groundzero (The Planet), que hizo que la audiencia saltara como impulsada por un resorte y bailara al desenfrenado ritmo que imprimía este poderoso tema.

Con esta bomba cósmica, se dio por finalizado el impresionante live de estos maestros, haciéndonos sentir como unos auténticos privilegiados, por haber tenido la enorme oportunidad de haber vivido un momento único y difícilmente repetible.

Inmersos aun en la atmosfera de sci.fi, en la que nos habían introducido Mills y Banks, volvimos al Sonar Lab, donde, para nuestra agradable sorpresa, Dubfire seguía elaborando su set de tech house efectivo ante un público realmente comprometido.

Por fin, el afamado dj y remixer, decidió poner punto y final a su set, y la mejor manera que se le ocurrió fue regalándonos esa maravilla que es Emissions, el tema que el mismo produjo para M_nus.

Con este buen sabor de boca nos dirigimos hacía el Sonar Pub, donde había comenzado su set Ricardo Villalobos, y tan solo debo decir que fue impresionante.

El chileno estaba ofreciendo un set, para nada parecido a lo que solía ofrecernos este dj, ya que lo que estábamos escuchando estupefactos, de mínimal y microhouse, tenía más bien poco, y lo que salía de los altavoces eran unos ritmos coloristas y festivos, llenos de momentos étnicos y bizarros, de los que tanto gustan a Ricardo, pero sin bajar el listón en ningún momento. Por cierto, el señor Villalobos parecía estar más sobrio de lo habitual, o eso me parecía a mí.

Sin dudas estábamos ante un set de tech house de altos vuelos, muy divertido y nada lineal, que incitaba a bailar y saltar sin cesar, con momentos de increíble fusión, de electrónica con flamenco o latin jazz. Tan solo algunos problemas de sonido, especialmente en la reverberación de los graves, ponían un pequeño punto negativo en el set, pero esto era rápidamente solucionado, y la fiesta volvía a tomar forma.

Por allí sonaron rompepistas como el genial Bahia de Italoboyz Vs John Coltrane o ese clásico, que nunca me canso de escuchar, que es French Kiss de Lil’Louis y que parece sorprendente escucharlo en un set de Villalobos.

Y por fin llego el triste momento de la despedida, y Ricardo mandó un saludo, mientras se cerraban las cortinas dando por acabada la quinceava edición del Sónar, dejándonos compungidos y con el único consuelo de que solo queda un año para volver a vivir esta increíble experiencia.

Si queréis saber algo mas de lo que aconteció esta gran noche, podéis ver la crónica de mi compañero Jordi Ares.

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