Crónica: Sonar 2009 – Sonar de Noche (Sábado)
Y llegamos a la noche del sábado y última jornada del Sonar, que era donde iba a tener lugar el grueso de la parte alta del cartel de este año, y lo primero que hay que destacar que ya comenté en la crónica del viernes noche, y es que el hecho de que este año se suprimiera el escenario Sonar Park, provocó que los otros tres escenarios restantes sufrieran de una gran masificación, a pesar del menor numero de asistentes de esta edición, aunque estas no fueron las únicas consecuencias nefastas de esta decisión, como ahora comentaré.
Empezamos la noche, de nuevo, en el Sonar Club, donde el madrileño HD Substance llevaba a cabo un set, bastante hetereogeneo, y es que tenía la difícil misión de calentar motores para la actuación de los Animal Collective, que tocaban inmediatamente después.
El avezado dj se dejó la técnica en casa y llevo a cabo la sesión de manera muy mecanica y a desgana, sin pararse a mezclar los temas, ni a seguir una progresión lógica. Los discos caían uno detrás de otro, y allí sonó una retahíla de sonidos, cuyo único punto en común era la cercanía al pop, es decir, synth pop, electro oscuro, post rock, e incluso algo de EBM. Algún inédito de Kraftwerk, un poco de Gary Numan por aquí, el Commando de Front 242 por allá, y poco más se puede decir de un set que solo puede catalogarse de transición.
Tras este comienzo, y con unos minutos de retraso, tuvo lugar la actuación de los Animal Collective, que se iba a basar en su laureado y, todo hay que decirlo, buen disco Merryweather Post Pavillion, tal y como se podía prever al ver el tapiz que colgaba del techo, o las sabanas que cubrían los aparatos y la batería, todo ello simulando la portada del susodicho LP.
Un sonido limpio y envolvente es lo mas destacado de la actuación de la banda estadounidense, que comenzó con su tema mas popular, el My Girl, aunque parecían sonar bastante desangelados y faltos de ritmo.
No podemos negar que el sonido que extraían rozaba la perfección y es innegable el virtuosismo de esta banda en directo, pero, en la opinión del que esto suscribe, ese no era ni el momento, ni el lugar para un concierto de estas características, un concierto mas propio de un Primavera Sound, o, apurando, mas apropiado para la jornada diurna del Sonar, aunque no hubiera estado fuera de lugar en el desaparecido Sonar Park, escenario especialmente concebido para este tipo de actuaciones.
El público congregado allí parecía amuermarse por momentos, con ese pop psicodélico, como los Beatles pasados por un tamiz tecnológico étnico, que caracteriza a la banda. Entre esto, y que estaba a punto de comenzar una de las actuaciones mas esperadas por un servidor, nos retiramos del Sonar Club, mientras sonaban los acordes del Guy’s Eyes, para dirigirnos al Sonar Pub.
Y es que iba a ser en ese mismo escenario donde iba a tener el concierto de Fever Ray, que no es otra que la finlandesa Karin Dreijer, cincuenta por ciento del proyecto The Knife, y que ha facturado, en solitario, el que posiblemente sea el disco del año, una maravilla sónica de gigantescas proporciones y que tenía unas ganas inmensas de escucharlo en directo, aunque en mi opinión, y al igual que sucedía con los Animal Collective, este no era el escenario mas apropiado para ella, cuyo sonido hubiera dado mas de si en el extinto Sonar Park, y no quiero parecer pesado, pero las consecuencias de la supresión de ese escenario han sido mas que nefastas.
Por fin empezó la actuación de esta gran artista y lo primero que nos sorprendió fue la puesta en escena, muy acorde con la atmósfera que rodea al disco. Un siniestro decorado, muy gótico, que parecía sacado de las pesadillas de Edgar Allan Poe, y que simulaba el interior de una vieja mansión, con sus muebles antiguos y sus viejas lámparas parpadeando.
Y la banda, con un atrezzo acorde al contexto, todos ellos con disfraces fantasmales, simulando espectros, payasos siniestros y otras criaturas de la noche, y la Dreijer embutida en un tupido manto, mientras entonaba su melancólico repertorio, empezando con If I Had A Heart, para seguir con piezas tan maravillosas como Triangle Walks, Concrete Walls, Seven, Now Is The Only Time I Know, o I’m Not Done. Todo ello mientras las gotas de lluvia caían sobre nuestras cabezas y Karin se desprendia de su manto para mostrarnos una cadavérica figura, realmente aterradora.
Pero he aquí la primera gran decepción y es que, como ya he dicho, el Sonar Pub no es el sitio mas adecuado para llevar a cabo un concierto de esta índole, y es que en ningún momento pudimos apreciar la singular voz de Karin, que por momentos parecía desvanecerse entre la instrumentación, y se hacia casi inapreciable, sobre todo en las partes en que se distorsiona para crear esa especie de escalofriante coro de ultratumba, que nos pone la piel de gallina cuando escuchamos esta gran obra, pero que aquí se confundía entre unos graves enardecidos y unos ecos que no hacían justicia a la inmensa calidad que desprende esa obra.
Con un amigo que me acompañaba en esos momentos, comentamos que a lo mejor la obra de estudio tenía tantos arreglos y estaba tan perfeccionada, que era tarea imposible llevarla a cabo en directo, pero yo sospechaba que, aparte de que este escenario, en absoluto era el adecuado para ella, algo iba mal en el sonido del Sonar Pub. Y mis sospechas no iban mal encaminadas, como argumentaré después.
Me dolió mucho cuando la Dreijer cantó mi tema favorito del álbum, Keep The Streets Empty For Me, y a duras penas pudimos percibir los matices que desprende esa maravilla, así que nos retiramos no sin antes escuchar otra gran joya como es Dry And Dusty, aunque me disgustó enormemente no quedarme para escuchar ese When I Grow Up, que seguramente sería el tema de cierre del concierto, pero me dolía, en lo mas profundo de mi alma, lo que estaba pasando con el sonido, y además, había que ir cogiendo sitio para la que sería la actuación estrella de la noche, que tendría lugar en el Sonar Club.
De vuelta al escenario del Sonar Club, el dj británico, Beardyman estaba haciendo de las suyas, y había montado una fiesta por todo lo alto en el principal pabellón del festival, con una sesión frenética, con esa energía que le caracteriza, a través de una técnica heredada del hip hop y el turntablism.
Y es que este hombre es efervescencia en estado puro, haciendo scratches, metiendo loops y samplers por doquier, engordando bajos, jugando con los hats y haciendo las veces de MC o incluso de raggamuffin, atreviéndose a tararear la melodía principal del The Bomb de The Buckheads, proyecto de los Masters At Work, o a cantar la letra del Sitting Sun de los Chemical Brothers con Noel Gallagher, mientras loopeaba con temas de CJ Bolland o Run DMC, en una sesión que escupía techno, tech house, electro y sonido nu rave por doquier.
Normalmente, tras la tormenta viene la calma, pero tras este adrenalítico momento con Beardyman, vino una calma que en realidad precedía a una tempestad aún mayor, la que traían los hermanos Hartnoll, que resurgían como Orbital, para deleitar a todos aquellos que aún estábamos dolidos por no haber contemplado nunca en directo a una de los proyectos techno mas importantes de todos los tiempos.
Por fin, los británicos hicieron acto de aparición, subidos en su nave espacial y con sus ya míticas gafas luminosas. Cuatro enormes pantallas, donde se iban a emitir increíbles visuales acordes y sincronizados con cada uno de los temas del live, les respaldaban, con lo que el espectáculo estaba mas que garantizado.
La actuación comenzó a lo bestia, con ese trallazo que es Lush, para continuar con Impact, del que resaltaron sus momentos mas ácidos y bailables. Y es que el techno psicodélico, lisergia ácida y atmósferas tranceras eran los sonidos predominantes, el sello del inconfundible sonido Orbital, que tantas obras de arte nos han regalado. Un único parón, para que empezásemos a escuchar el atmosférico principio de esa obra maestra que es Satan, que se vio acompañada por los videos mas impactantes y apocalípticos de la actuación, y tras esta, la retahíla de hits no paró ni un segundo con el maravilloso Belfast, quizá el momento mas emotivo del live, el genial himno Chime, así como hits de la talla de The Girl With The Sun In Her Head o el Halcyon, con los samplers vocales de Kirsty Hawkshaw incluidos, y regalándonos momentos tan bizarros e inesperados como una curiosa remezcla del Heaven Is A Place On Heart de Belinda Carlisle o un tema acribillado por samplers del Material Girl de Madonna.
Tras un rato sin parar de bailar ni de emocionarnos, llegó la recta final con el The Box, al que añadieron algún que otro sampler vocal, y que desemboco en un epílogo, en forma de la versión que los propios Orbital han hecho de la sintonía de la serie Dr. Who, muy popular en tierras británicas, y que suelen tocar en la mayor parte de sus conciertos. Sin dudas, uno de los momentos más increíbles que vivimos durante este Sonar.
Después de la actuación de los Hartnoll, había ganas de más fiesta, así que de vuelta al Sonar Pub, para presenciar otra de las actuaciones mas esperadas de la noche, la de los canadienses Crystal Castles, pero que acabó convirtiéndose en la actuación mas bochornosa de la historia del Sonar. Todo un cúmulo de despropósitos, que en mi opinión ya habían comenzado en la actuación de Fever Ray, pero a los que se sumo la negligencia de los técnicos de sonido, tanto de Sonar como del propio grupo, y la actitud macarra de Alice y Ethan, los miembros de la formación.
Cuando llegué al Sonar Pub pude comprobar que los fallos sonoros que había percibido durante la actuación de la Dreijer, no solo no habían desaparecido, sino que se habían acrecentado, esta vez con interminables parones, Sin embargo los miembros del grupo no parecían intentar solventar la situación, sino todo lo contrario, especialmente Alice que estaba bajo los efectos de una intoxicación etílica y hacía de las suyas en el escenario y entre el publico, provocando altercados con el equipo de seguridad del recinto, mientras Ethan y su equipo discutían con los técnicos del Sonar, echándose las culpas mutuamente de los flagrantes fallos que estaban teniendo durante la actuación.
Musicalmente hablando, pude escuchar Crimewaves, Air War o Black Panther, pero poco mas, ya que el bochorno y la desesperación, provocados por un público apelotonado, una Alice chillando y parando la actuación a mitad y un sonido francamente nefasto, eran tan grandes, que me obligaron a dar media vuelta y dirigirme hacía el Sonar Lab, donde los de Ostgut Ton ya habían empezado su actuación, concretamente el live de Shed, lleno de tech house contundente y visceral.
Pero en breves, iba a tener lugar, en Sonar Club, otro de los momentos claves del festival, la actuación de Moderat, el proyecto formado por los franceses Modeselektor y el alemán Apparat, que han publicado un disco mas que digno y altamente recomendable, y a cuyo directo, yo le tenía muchas ganas.
Cuando entré en el pabellón, aún estaba Tadeo haciendo el warm up para los de B Pitch, tirando de techno contundente y bailable, aunque duró poco, ya que enseguida hubo de retirarse para dejar paso a las maquinas y pantallas que iban a ser elemento clave en la actuación del proyecto.
Y es que lo que los Moderat nos ofrecían era un espectáculo audiovisual en toda regla, con unos estupendos visuales proporcionados por Pantfiderei, totalmente sincronizados con la música, formando un todo compacto e indivisible.
Cada uno de los miembros se situó delante de un atril electrónico, con los Modeselektor en primer término y Apparat en el tercer puesto, aunque todos sabemos que quién corta la pana en esta banda, es el señor Sascha Ring.
Empezaron la actuación con el electro de A New Error, para seguir con el IDM bailable de Seamonkey, y es que Moderat es eso, un abanico de estilos, desde el electro oscuro hasta el dubstep conciso, pasando por el synth pop más delicado, el acid más lisérgico y la IDM más estremecedora.
Tras este comienzo, Sascha nos mostró sus increíbles dotes de cantantes, y con su maravillosa voz, nos deleitó a través de los acordes de Out Of Sight, para continuar con el dubstep sideral de Rusty Nails. Pero el germano no dejo de mostrar sus polifacéticas dotes, y sorprendió a propios y extraños cuando extrajo una guitarra eléctrica de debajo de su atril para entonar los acordes de Porc, que se fue mezclando con la parte ácida del mismo, para fundirse en la parte psicodélica y experimental. El germano estaba demostrando, así, quien cortaba el bacalao en este proyecto
Siguieron repasando el repertorio de este primer álbum, con temas como Nasty Silence, entre otros, aunque hay que destacar el momento en el que pudimos escuchar el Sick With It, con el sampler de Paul St. Hillarie incluido, aunque muchos teníamos la ilusión de ver aparecer a Tikiman cantando el tema en directo, pero se quedó en eso, en una vana ilusión.
El live acabo de la manera mas imprevista, con un tema de tech house contundente y festivo, alejado de la onda del álbum y que levanto el animo de los asistentes. No sabemos si esa será la nueva vía que tomarán los Moderat en trabajos venideros, pero si es así, bienvenida sea.
Tras este gran live, una visita al Sonar Lab, donde ya estaba Marcel Dettmann, imprimiendo un set de techno contundente y divertido, lleno de reminiscencias detroitnianas, pero con ese toque alemán tan milimétrico, es decir, Berghain en estado puro.
Después de disfrutar del set de Dettmann, me dirigí de vuelta al Sonar Pub, donde Jeff Mills estaba finalizando un accidentado set, y es que, continuando con la tónica habitual que estaba teniendo ese escenario durante toda la noche, los parones fueron constantes. Incluso el propio Mills pidió disculpas, alegando a un problema acaecido tras mojarse el generador a causa la lluvia (vamos nosotros y nos lo creemos). De todas formas me alegro de haberme perdido el set de Mills, ya que prefería quedarme con el enorme sabor de boca con el que nos dejó The Wizard.
Mills se despidió del Sonar, no sin antes saludar a su amigo Carl Craig, que iba a sustituirle en la cabina y es que el de Detroit es una mas que buena opción para cerrar un festival.
Y Craig hizo lo que todos esperábamos, ni mas ni menos, vale que sus sets sean repetitivos y que nos sepamos los tracklist de memoria, pero eso no quita para que las sesiones de tito Craig sean adrenalina pura y estén hechas para hacernos bailar hasta la extenuación, por muy poco originales que estas sean, pero a esas horas, esa retahíla de hits entraba de lujo.
Y es que, durante las dos horas de sets, no paramos de escuchar temas tan conocidos como el Bassline de Kevin Saunderson remezclado por Joris Voorn, la remezcla que el propio Craig hizo del In The Trees de Faze Action, el RJ de Radio Slave, o el siempre socorrido Mouth To Mouth de Audion, así como clásicos habituales en sus sets como el Acid Clash de Tyree, el The Bells de Mills, el The Chase de Giorgio Moroder, el You Make Me Feel de Silvester para acabar cerrando con un tema disco de Loleatta Holloway, y todo ello sin fallos de sonido de ningún tipo, como si al subirse Craig a la cabina estos se vieran solventados.
Y vale que los sets de este hombre sean repetitivos y llenos de hits, pero eso no quita para que algunos nos lo pasemos como enanos en cada una de sus sesiones, y disfrutemos de una de las mejores técnicas a los platos. Diversión y clase, que más se puede pedir.
Con este set se dio por finiquitada la edición del 2009 de Sonar, que pasará a la historia como la más austera y la más accidentada. Una edición llena de claroscuros, aunque los momentos de claridad, especialmente el set de The Wizard, pasarán a la historia de los grandes momentos Sonar.
Mas aspectos de esta noche en la crónica de mixside.
Veremos que nos depara el próximo año este veterano evento.
Etiquetas: Animal Collective, Carl-Craig, Crystal-Castles, dj-beardyman, Fever-Ray, HD-Substance, Jeff-Mills, Marcel-Dettmann, Moderat, Orbital, ostgut-ton, Shed, Sonar, Tadeo




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