Crónica 981Off y 981On @ MACUF y Playa Club, A Coruña

Cris Varela | Crónicas | Jueves, Octubre 21st, 2010

Tras la noche del Pre981, el festival continuó la tarde del sábado 16, esta vez en el hall del MACUF, nada más y nada menos que con Cluster. Si hay algo que puede definir a esta edición del 981 como “vanguardista” es la actuación de estos dos seniors avanzados de la música.

Dieter Moebius y Hans-Joachim Roedelius, acompañados por una proyección de video rural que no podía ser más acertada (creo que es la misma que llevaban en sus directos más recientes), nos invitaron a un viaje de ambient minimalista, que seguramente hubiese sido más fácil de seguir en otro espacio, más propicio para la evasión. Si me mantengo por estas latitudes, pensaría quizás en el auditorio de EXPOCoruña, como un lugar más adecuado para adentrarse en el complejo cosmos de Cluster y apreciar todos sus matices. Emprender un viaje iniciático como este resulta harto complicado con la intimidad, sensibilidad y receptividad limitadas que ofrece un vestíbulo, aunque sea el de un museo. Una pequeña gran pega para mi.

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De todas formas, aunque me hubiese gustado poder saborearla mejor, se agradece (a los organizadores) esta oportunidad histórica. Después de su actuación parece que queda lejos (unos 40 años) hablar de krautrock, e incluso parece que queda simple hablar de sonidos cósmicos. Por el contrario, parece más apropiado hablar de texturas ambientales, infinitas, abstractas, pero cercanas, concretas. Sea como sea, cualquier intento por definirlo me parece rebuscado, y cualquier definición que caiga en el cajón de lo experimental me parece vaga. Sencillamente complejos y complicadamente sencillos. Y los que escuchamos y miramos, embobados. Aquí os dejamos una pequeña muestra:

A esas horas todavía éramos pocos en el MACUF, y los pocos que estábamos (medios, oraganización, los chicos de Detachments, que actuarían más tarde pero ya estaban por ahí, y algún que otro curioso más) nos concentramos en el hall, a los pies de Cluster. Además, parece que un problema con los enlaces de avión había retrasado la actuación de Dels, que estaba prevista para la misma hora en el otro escenario. Finalmente creo que Dels actuó al final de todo (pero nosotros ya no nos quedamos a verlo).

Para no dejar vacío ese hueco, la actuación de Luke Abbott se adelantó en el jardín del MACUF, así que al rato dejamos en “stand by” nuestros esfuerzos contra los elementos por mantener el rumbo en el viaje Cluster y nos dirigimos allí. Como adelantaba en la crónica del Pre981, siento debilidad por Border Community y no podía perderme el tercer desembarco del sello en el 981. James Holden, Nathan Fake y ahora Luke Abbott supieron transmitirnos su inconfundible identidad. Creo que es uno de los sellos con más personalidad del momento. Y creo que podemos hablar claramente de melodías “border” y diferenciarlas sin ninguna duda de otras.

Luke Abbott, tras su apariencia tímida de gafapasta, geek, o friki del hardware y el software (de hecho lo es), creo que esconde un importante espíritu de baile, y así intentó demostrarlo durante su actuación. A pesar del hipnotismo trance de algunas de sus melodías (es “border”), su set se caracterizó por muchos ritmos bastante tech y bastante bailables. La bipolaridad común que caracteriza a todos los artistas de este sello, debatiéndose entre la melodía y el ritmo, provoca en el que escucha una alternancia entre sonrisa inocente y sonrisa pícara, pero con los pelos de punta en ambos casos. Muchos sintes y sonidos analógicos llevados al extremo, una forma de mezclar más que personal e impecable…

Pero otra pega, y también sobre el recinto, o quizás más bien sobre el horario de programación en este caso. Es difícil dejar volar la mente y botar las zapatillas (“intelligent dance music”) a media tarde, con la cantidad de luz que entraba todavía a través de la cubierta de cristal, a la que de vez en cuando, por cierto, se asomaba desde el exterior algún curioso intentando comprender qué estaba ocurriendo ahí abajo. Lo intentamos, pero si no lo conseguimos del todo, al menos lo disfrutamos, con algunos temazos de su último trabajo, Holkham Drones (2010, Border Community), y otros anteriores, como “Melody120” (de su Tuesday EP, 2008, Border Community), que también me parece haber reconocido durante su sesión. Aquí os dejamos algunos momentazos de su actuación:

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Paralelamente teníamos en el hall del museo al TRÍO, con mayúsculas, Moritz Von Oswald, Max Loderbauer y Vladislav Delay, otros imperdibles de esta sexta edición del 981. Teníamos grandes expectativas sobre su directo de fusión electrónica – orgánica. Ya sólo ver la percusión de Vladislav, con todos los aparatos, instrumentos, cacharros y amplificadores que la forman, vale la pena. Y si a eso añadimos sintetizadores, samples, secuenciadores… un korg triton, mac… Tenemos una orquesta experimental completa, a tres bandas y sus machines. Cómo sería escucharlos?!

Seriedad, tranquilidad, rítmica pausada, de esa que te eleva pero sin dar saltos, como en una nube. Tan natural que parecía improvisado, pero al mismo tiempo controlado, especialmente por los “mandos” y “pedales” de Oswald y Loderbauer, que se encargaban de introducir loops, reverberaciones, delays…, a parte de bases y demás efectos analógico-sintéticos (muchos de ellos ácidos, muchos de ellos sci-fi, muchos étnicos, muchos tropicales, muchos dub…), sobre los distintos elementos percutivos de Vladislav. De todas formas, no sé si por el exceso de seriedad o por el exceso de control, si por el defecto de naturalidad o por el defecto de sonido, si por el recinto vestibular, o si por todo en conjunto, al final la expectación que me provocaron no fue tanta, o fue contenida. Así es que… voy a tener que volver a escucharme su Live In New York (2010, Honest John’s Records) con cascos y en la intimidad.

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Sobre el mismo escenario actuaron después We Love. Estos dos italianos (ella y él) de BPitch Control se las gastan de “viajeros espacio-temporales” para llevar a cabo su particular cruzada trance-electro-synth-pop con sus también particulares armas analógico-digitales. Estos “soldados del amor”, como parece que se definen, tienen una puesta en escena rompedora. 100% customizados, en vestimenta, instrumentos y visuales. Por fin el público (ya más numeroso, o al menos tan numeroso como el que estaba fumando fuera del museo, es lo que tienen estos edificios y dentro de poco las nuevas normativas) parecía abandonar la seriedad para empezar a relajarse y entregarse al baile. A mi las voces no me suelen gustar en este tipo, o más bien tipos, de música, por más sintetizadas o vocoderizadas que estén, así que… esas melodías vocales (muy bonitas en timbre eso sí) quizás me sobran. Por lo demás, el blanco y negro retro-futurista, la guitarra con forma de corazón, el theremin, los efectos… contribuyen a dar teatralidad y atmósfera a su escena y su sonido, que yo definiría como cósmico-épico, así que bienvenidos invasores del espacio!

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Y volveeemos al jardín, que ya están Beak> sobre el escenario! Ya era de noche y también sonaba oscura la música de los de Bristol. Un rollito Bauhaus muy oscuro, decrépito y underground, o si no nos vamos tan atrás, un estilo The Horrors (de hecho Geoff Barrow produjo su álbum Primary Colours), que nos provocaba balanceos en la cabeza desacompasados con movimientos en el cuerpo delante-atrás. Y es que así suenan Beak>. Portishead? Mmm… No. Bristol? Mmm… Bueno. Kraut/Cosmic?… A veces. “Iron Action” es más eso que otra cosa, y sí, por supuesto la tocaron, más bien hacia el final de su actuación. Y como muestra un botón:

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Como también tocaron hacia el final la mítica “Let The Sunshine In” ( una canción de 1969 compuesta por The Fifth Dimension e incluida en la también mítica película “Hair”). Este cover tan especial de Beak> les sonará a quienes los vieron en el Primavera Sound. A los que no, nos dejó gratamente sorprendidos.

Sin duda la actuación de Beak>, para mi, fue de lo mejorcito de este 981. Geniales. Desprenden luz y oscuridad propias. Estuvieron muy entregados, enérgicos y divertidos sobre el escenario, y también después de su actuación, que se dieron un paseo por el recinto y pudimos ver a Billy Fuller, Matt Willians y Geoff Barrow en alguna simpática situación como esta:

Kyle Hall cerraba la noche en el hall del MACUF y con él la gente rompió a bailar, sobre todo a medida que avanzaba su sesión, cada vez más groovy. Acid, disco y sobre todo mucho house para clausurar el vestíbulo. Pero… sin más (supongo que no es lo mío y que Kyle no brilló tanto para mi gusto).

Mientras tanto, les llegaba el turno a Detachments en el jardín. Lógicamente, como era de esperar, la influencia de Peter Hook, y en consecuencia de New Order y Joy Division (o más concretamente Ian Curtis), es palpable, tanto en sonido como en actitud. Y eso, aunque sólo sea influencia, se agradece por gusto.

Dieron continuidad a la actitud y las sensaciones positivas que nos habían dejado los chicos de Beak>. Un sonido más oscuro y ochentero a la vez que synth. Una combinación que los ha llevado al éxito en cero coma (será que gustan), y que se nota especialmente en canciones como “H.A.L.”, por ejemplo, de su reciente y único disco editado hasta la fecha, y que tocaron durante su actuación. Algunos esperábamos algún cover de Joy Division, o New Order, pero… no fue así, al menos no mientras estuvimos allí.

Con esto terminó nuestro 981Off, con un mayor disfrute de las actuaciones en el jardín y con la sensación de que las actuaciones del hall (excepto la de We Love) podrían haber sido mejores en otro lugar. En cualquier caso, chapó (pedazo cartel). Habría que preguntarles a los responsables del MACUF qué tal fue para ellos la experiencia.

Pero la noche continuaba en el Playa Club con el 981On. Escenarios más conocidos, con sus bondades y sus defectos, pero sí quizás algo mejorados en cuanto a aforo (un poco más holgados, excepto en la sala Boite y en los trayectos que la atraviesan, donde la aglomeración resultaba muy familiar).

Aunque en el 981On asistimos a grandes momentos… la sensación final fue un poco bluff. Como que me supo a poco (a lo mejor mis expectativas eran muy altas o el cansancio se iba haciendo más notable a medida que avanzaban las horas). O a lo mejor es que tampoco empezamos con el pie más adecuado. Me estoy refiriendo al genial Gilles Peterson. A pesar de su encantadora alma negra y de su gusto por el jazz-soul-electro, no nos convenció para empezar esa noche su estilo radiofónico de la BBC (aunque le reconocemos el esfuerzo de animación que hizo) y su selección de ritmos latinos mezclados con joyitas del pasado housero de finales de los 80 como “Good Life”. Creo que más o menos por ahí decidimos irnos a ver qué pasaba por abajo.

No vimos a Naive New Beaters y a penas vimos un poco a Roska (mmm… cachis!), pero lo que vimos sonaba bien y sonaba a deep house. Llegamos a la discoteca y Crystal Fighters nos levantaron los ánimos. Ellos comenzaron con “I Love London” y nosotros empezamos a saltar. Supongo que han heredado lo mejor de la energía vasca y la han catapultado con la energía londinense. Y así intentaron transmitírnosla a nosotros, pero creo que se quedaron un poco cortos en intensidad. Les faltó el derroche de fuerza y locura que yo esperaba, pero pudieron restaurarnos mental y físicamente.

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Dejamos el escenario Son Estrella Galicia (la discoteca del Playa Club) y nos fuimos a la sala Boite (escenario Vodafone) para ver y escuchar el live de Martin Buttrich. Con su recién publicado Crash Test (2010, Desolat) y su larga trayectoria en sellos como Cocoon, Planet E… El alemán estaba dando buenas muestras de su saber hacer, sobre todo en techno y minimal techno. El público se estaba entregando al baile y la evasión. Y nosotros con ellos.

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Finalmente preferimos quedarnos entre Buttrich y Who Made Who que subir a escuchar a Hudson Mohawke (de Warp), y de esta forma fuimos alternando entre techno y electro-post-rock. Lo cierto es que el cambio de escenarios es algo que resulta cansino en todos los festivales, con el añadido en este caso de dos plantas y espacios pequeños.

Continuamos con el gran Theo Parrish en la petadísima sala Boite (escenario Vodafone, demasiado pequeña para alguien tan grande). Seguramente la actuación y el sonido más elegante de este festival, que por un momento nos teletransportó a Detroit-Chicago y su deep house hipnótico. Muy fino, aunque algo monótono (creo que es algo que caracteriza a este estilo), al menos en la parte que nos quedamos a verlo.

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Pero llegó el momento de subir a la zona Banquetes (escenario Xacobeo) para ver a Oliver Huntemann, al que no queríamos perdernos de ninguna forma y que consiguió atraparnos e hipnotizarnos, aunque no elevarnos demasiado del suelo. Tech-house, minimal… sin demasiadas pretensiones, energías ni sorpresas, pero con buenas ejecuciones técnicas. La gente lo disfrutó.

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Algo que también podríamos decir de The Juan MacLean, aunque en su estilo, claro. Y algo que en general podríamos hacer extensible a la mayoría de las actuaciones en esta parte del festival. Correctas técnicamente pero faltas de alma y energía suficiente como para romper la pista. Es mi opinión, nada más, pero tengo que decir que lo disfruté igualmente. Si tengo que elegir en esta parte, eso sí, me quedaría con el tándem Buttrich-Huntemann. Pero en general, este año me quedo con la música de museo!

Ya estamos ansiosos por ver qué se cuece para el próximo 981 (a modo de sugerencia en positivo: que siga vivo el eclecticismo y la vanguardia)!!!

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