The Magnetic Fields – get lost (Pop)

Jark Prongo | Álbums,Discos | Lunes, Septiembre 19th, 2011

 Llevaba casi un mes esperando su vuelta, así que 5 o 10 minutos de retraso respecto a la hora acordada no suponían nada. Estaba nervioso. No sabia si todo seria igual que antes, si el tiempo transcurrido habría hecho mella. Cigarrillos y cerveza eran la única compañía hasta su llegada. Pensó por una fracción de segundo si la gente que allí estaba esperando, esos perfectos desconocidos, tendrían algo en común con su circunstancia. Ni idea, la verdad. Por fin llego. Se besaron y se convirtieron en uno mediante un abrazo. Todo estaba bien. Ahora si.

 Agosto. Tuvo que hacer un viaje largo e incomodo, con lo que odiaba y odia viajar. Un tren idiota y una pasajera a su lado no menos retrasada. Horas y kilómetros después se encontró mas cerca de Portugal que nunca, en una estación donde sus empleados construían frases con un alto contenido en palabrotas e imprecaciones. Salio a fumar y a esperar su llegada. No tenia ni la menor idea de como desplazarse por allí ni a que lugar ir. Ni siquiera sabia llegar al Hostal. Estaba vendido en ese sentido. En el emocional también, ella era la dueña. A santo de que el viaje si no. Y las gaviotas daban miedo, por lo que se sintió avergonzado. Joder, mas bajo no puedo caer, que me asusten unos pajarracos… Y apareció ella, esfumando todo temor y dando sentido al desplazamiento.

 Habían quedado por vez primera desde que se conocieron. Técnicamente no llegaba a ser una cita. Aun no sabe como entrar a definir aquello. Ni falta que hace. Estaba hecho un manojo de nervios. No quería cagarla quedando como un neurótico de mierda. Tuvo que esperar los 10 minutos de rigor. La verdad es que por ella había esperado 28 años, 10 minutos no eran nada. La percepción en su cabeza fue bien distinta. Le parecieron horas gracias a sus paranoias. Buah, al final no viene. Fijo. Ni de coña. No me jodas, parezco gilipollas. Me vuelvo a casa, a tomar por culo. Y apareció subiendo las escaleras del Metro, suprimiendo todas estas pajas mentales y grabando a fuego en su cabeza esa imagen para siempre. Ahí supo que la quería.

 Principios de Junio. Salio con un amigo a fumar y a decir chorradas. Lo habitual cualquier Viernes y sábado desde hacia lustros. No le apetecía una mierda estar en ese bar. No le gustaba lo mas mínimo y le recordaba lo hijo de puta que podía llegar a ser. Alguien entro al trapo cuando hablaban de John Travolta. A partir de ahí rankings, recomendaciones, consejos y chanzas. Su amigo se fue. Se quedo con ella, echándose ambos mas cigarros de los que tenían pensado fumar antes de salir. Se puso nerviosísimo, no esperaba esa petición. No le cuadraba no tener que ser el quien hiciese la propuesta. Al despedirse se besaron. No se sabe quien a quien, la verdad. Y mientras se iba en su cabeza solo sonaba una canción:

And you

You look like heaven

An angel who stepped from a dream

777 times lovelier than anything I’ve ever seen.


 

The Magnetic Fields – with whom to dance

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The XX – VCR (pop)

Jark Prongo | Discos,Singles | Viernes, Septiembre 16th, 2011

De The XX se ha dicho alegremente que practican un minimalismo llevado al máximo, y en tantísimas ocasiones que ha sucedido un poco lo que Goebbels pregonara con su famoso axioma, aquello tan en boga hoy de una mentira repetida mil veces se convierte en verdad. Digamos que prescinden de artificios y añadidos ornamentales, pero un grupo que graba su álbum con una formación de 4 personas (ahora son 3, Baria Qureshi, segunda guitarra y teclista, abandono el grupo a los pocos meses de grabar su único disco) dista bastante de ser minimalista, y mas aun de ser el equivalente al Cine de Robert Bresson, como se ha dicho en alguna que otra reseña. Exprimen los elementos de los que disponen hasta sus ultimas consecuencias, pero aquí no existe el la parte por el todo recurrente al cine del francés, como tampoco esta presente el discurso pesimista y desesperanzado que asomaba en gran parte de su filmografía. Las semejanzas con los sublimes Young Marble Giants si que son ciertas, si bien no llegan al autentico minimalismo de los galeses, ni de sus seguidores Confetti. Realmente, aunque sea de forma involuntaria (pues ninguno conocía la música de los otros hasta girar juntos), tienen bastante que ver con los geniales suecos jj. No en vano estos últimos han versionado a The XX.

 Aclarado esto, justo es señalar que el debut de The XX reúne una colección de magnificas canciones que destacan mas por separado, en formato de single. La precocidad de estos señores (Jamie Smith, Oliver Slim y Romy Madley Croft) es asombrosa: llevaban haciendo sus cosas como grupo desde los 16 años y, pese a poder habido contar con Diplo como productor, decidieron seguir perfeccionando las piezas que tenían hasta poder producirlas Jamie, que se ha convertido en una suerte de niño prodigio en la escena musical británica. La labor de practica y mejora a la que hacia mención se antoja opuesta a la que suele ser habitual en cualquier grupo, ya que no es difícil imaginar al grupo reunido en su local de ensayo decidiendo que elementos y acordes omitir o fundir en algo unitario, cuando cualquier otra formación iría añadiendo capas, arreglos (del tipo que sean) y demás elementos por norma general prescindibles. Y todo ello en mitad de la noche casi siempre, lo que sin duda ha imbuido a sus piezas de una atmosfera somnolienta, casi sonámbula. Música para sleepwalkers.

 Sorprende la forma del cartón del 7¨, el cual tiene una X recortada por ambas partes que permite apreciar el envoltorio difuminado interior, sin ninguna información adicional, convirtiendo así en una incógnita el contenido. Pinchando la cara a suena VCR, que viene a ser un monumento de la elegancia aplicada al pop. Cada acorde suena limpio y resulta prefecto en lo que imagino habrá sido el resultado de una búsqueda y posterior criba de notas durante incansables sesiones de ensayo. Romy y Oliver alternan susurros pareciendo no querer despertarnos mientras caemos sedados al oírlos. La letra hace uso de la segunda y primera persona (por este orden), formula poco manida en el mundo del pop, y pese a la multitud de interpretaciones que cabe extraer, aprovechan para hacer apología de si mismos, autobombo que se dice (creo que somos superestrellas, dices que crees que somos superestrellas). Razones para tener esa seguridad en si mismos no les faltan, la verdad.

 14 reproducciones consecutivas después de la cara a damos la vuelta al disco para escuchar Insects. Lo primero que se aprecia es un mayor predominio de los cachivaches electrónicos que Jamie gusta de toquetear cual ludópata dando al botón avance, solo que obteniendo mejor resultado que el que podría llegar a sacar el fenómeno de las tragaperras. Si en la cara a la primera en susurrar era Romy, aquí Oliver abre la veda, y cuando ella lo hace aprovecha para meter un homenaje a New Order y las risas de Bernard Sumner en Every Little Counts. Todo para aludir al Gregor Samsa de La Metamorfosis de Kafka, solo que haciendo énfasis en como se puede dar la transformación mental durante una relación que te hace sentir como un insecto, cuando el culpable es el otro. Si la transformación en la novela de Kafka se intuía real para hacer una critica velada al aislamiento que sufre el sujeto diferente, aquí es únicamente mental y en forma de complejo de inferioridad, pero no por ello menos asfixiante. Brillante.

 Un disco a conseguir.

 

The XX – VCR

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Veronica Falls – veronica falls (pop)

Jark Prongo | Álbums,Discos | Martes, Septiembre 13th, 2011

Vale. Lo suyo habría sido recibir una promo y escribir estas torpes líneas sin recurrir a la filtración que apareció ayer por la red gracias a la discográfica londinense Bella Union. E incluso que Veronica Falls o su agente (¡hola, Vicky!) hubiesen contestado a las preguntas enviadas por mail con algo distinto al guarda cuidado que apareció en la bandeja de entrada del correo hace ya casi un mes, por aquello de publicitarles y tal. Pero como las cosas no se han desarrollado así, aquí estoy, pertrechado de Risketos y tabaco frente al portátil, dispuesto a hablar de uno de los discos mas esperados de este 2011, especialmente por todo el revuelo generado por los 3 magníficos siete pulgadas que había publicado hasta ahora este cuarteto.

 Vaya por delante que no guardo rencor alguno a Veronica Falls, dando por hecho que su maleducado mutismo responde al ajetreo que se les viene encima con eso de presentar su debut girando con The Drums y Dum Dum Girls. Lo entiendo, y el objeto de la critica, como siempre, son las canciones, las cuales siguen siendo magnificas, casi sublimes en el mejor de los casos. He de achacarles, eso si, que hay algo que no termina de cuadrar. Ni en el resultado final del disco ni en cuanto a la actitud que vienen mostrando. Lo primero sera desarrollado a partir del siguiente párrafo, pero lo segundo se evidencia desde su formación en el 2009 (cuando Patrick, baterista, y Roxanne, guitarra y voz, dejaron su Glasgow natal disolviendo sus 2 grupazos anteriores – The Royal We y Sexy Kids- para conocer en Londres durante un concierto de Comet Gain a James, guitarra, y Marion, eterna aprendiz de bajista). Su salto a la fama fue casi inmediato, haciendo un recorrido por discográficas chupis (Captured Tracks antes, Slumberland Records ahora) que pocos novatos hacen, teniendo esto que ver casi tanto con la calidad intrínseca de los 6 temas contados que formaban su repertorio como con la agenda del móvil de James y Patrick, que contaba con números como el de Stephen Pastel, Alex Kapranos (Franz Ferdinand), Stuart Murdoch (Belle & Sebastian) y Mike Sniper, jefe de Captured Tracks. Igualita que la de cualquiera de nosotros, eh, con ese numero que sacamos una vez del baño de un after y el de Asistencia En Carretera.

 El disco fue producido y grabado hace 4 meses por Guy Fixsen (el monstruo encargado de los 3 primeros eps de Moose, amen de alguna que otra cosita de Piano Magic y The Breeders), el cual impelió al grupo a regrabar algunas de las canciones que ya habían visto la luz anteriormente (Found Love In A Graveyard, lo primero que conocimos de ellos, sale ganando con un subidón antes del estribillo que es mas pronunciado que en su versión original) y dejo tal cual otras ya conocidas (Beachy Head esta como siempre, y Stephen otro tanto de lo mismo, o eso me parece). Esto, así como la polémica decisión (por cercana a la estafa de cara al fan que ya conociese al grupo y fuese disponiendo de su material conforme iba apareciendo) de incluir casi un 50% de canciones ya publicadas en el lp, flaco favor hace a Veronica Falls, que tendrían que haber sido mas espabilados en otro sentido (no en la mala acepción que le confiere a la palabra esta actitud por la que han optado) y haber sustituido gran parte del material ya conocido por la cara b (Try Again) del single de adelanto publicado hace poco en Slumberland, o por la versión del eighteen is over the hill de The West Coast Pop Art Experimental Band que grabaron a finales de este verano. Quien sabe, igual la guardan para el rumoreado single que debería publicar Elefant Records…

 El ultimo tema mentado da una idea de por donde van los tiros sónicos de Veronica Falls, a los que se suele meter alegremente en el saco de post C86 sin reparar en el alto componente psicodélico que les influye, como bien demostrase su versión del Starry Eyes de Roky Erickson (13th Floor Elevators). Pese a las quejas del anterior párrafo, lo cierto es que el disco son 12 temas que, si se pillan sin haber escuchado nada del grupo, saben a gloria absoluta. Quizá, y es un quizá muy matizado, el disco se puede hacer algo repetitivo en su penúltimo tramo, pero no llega a saturar ni de broma, si bien constata que Veronica Falls habrían lucido mucho mas siguiendo con la dinámica de publicar solo singles. Con su reconocible sonido mezcla de surf, psicodelia y twee a la escocesa concatenan temazo tras temazo sin despeinarse, permitiéndose titular una canción con el nombre del grupo (autoguiño que siempre mola) y otra con el de un sórdido corto del gran Richard Kern (The Right Side Of My Brain, canción que ya habían adelantado y que supone uno de los momentos cumbre del disco). Cohabita dentro del lp una maniobra tan rara como cerrar Misery con una capella de corte pastoral que habría quedado mejor como apertura del disco, antes de Found Love In A Graveyard, pero bueno, su motivo tendrían.

 El punto álgido esta justo al final, con la inmensa Come On Over, ejemplar temazo que con su intensidad rítmica evita que reparemos en la facilona letra, algo vergonzante, la verdad. La tríada Bad Feeling, Stephen y The Box vendría a ser el particular homenaje de Veronica Falls a como sonaba el bajo de Kim Deal en sus grupos de 4 AD, ya fuese en sus propias manos (Pixies) o en zarpas ajenas (The Breeders), si bien es probable que en el estudio fuese Guy Fixsen quien tocase (como ya hizo con Laika y Piano Magic) y no Marion, la cual ha declarado no tener aun gran dominio del instrumento. El resto de cortes (All Eyes On You y Wedding Day) cumplen correctamente, sin destacar sensiblemente, salvo The Fountain, que parece haberse inspirado demasiado en el Left of The Center de Suzanne Vega. Que tampoco pasa nada, ya que la canción de la americana es ejemplar.

 Un disco notable que podría haber calado mas de haber sido mas humildes Veronica Falls, por lo que deja cierto sabor agridulce. Aun con todo, resulta necesario: venderá miles de copias y esto supondrá la nueva aparición de singles de grupos desconocidos en Slumberland. Singles de los que, como poco, una canción merecerá la pena. Como el de Sexy Kids, sin ir mas lejos.

 

Veronica Falls – come on over

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Veronica Falls – right side of my brain

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Disco Inferno – the last dance (postrock/experimental)

Jark Prongo | Discos,Singles | Lunes, Septiembre 12th, 2011

 Ayer, 11 de Septiembre, se cumplían 10 años del derrumbe en directo de las torres gemelas neoyorquinas, por lo que hubiera procedido hablar del Twin Tower de Alma-X para seguir con la dinámica imperante del blablablao conmemorativo de todos los medios de comunicación. No obstante preferí esperar 24 horas mas y así aprovechar para matar varios pájaros de un tiro. Primero, que no redundo en las necedades dichas por Gabriel Albiac, Juan Manuel de Prada y allegados. Segundo, que así aprovecho para hablar de Disco Inferno aprovechando que sale hoy mismo a la venta la reedición de sus descatalogadisimos eps. Y tercero, vinculando de manera inversa a los dos primeros pájaros, no hay nada mejor para articular una defensa de la libertad a todos los niveles (en un escenario donde esta cada vez se ausenta mas en un cerco que mengua desde hace 10 años y un día) que recurrir a Disco Inferno, pues ellos siempre hicieron lo que les salio de los cojones. Y su semen es néctar de los dioses, creedme.

 Ian Crause (guitarra, voz y letras), Paul Wilmott (bajo) y Rob Whatley (batería) podrían achacar perfectamente su nula repercusión mientras Disco Inferno existía a la pésima elección de nombre, un clásico de lo cenizo en el mundo de la música (que le pregunten a Ataque de Caspa) que suele conseguir chirriar de dientes entre aquellos que deciden llamarse, por poner ejemplos radicales, Barrabas, Alberto y los Trío Paranoias o, quedándonos en España, Juan Pardo, si bien es cierto que este ultimo es solista, se llama así de verdad y el apellido ejerce una extraña justicia poética sobre su persona. El caso es que la música de Disco Inferno es magnifica, y cobra doble valor al tener en cuenta el arrojo que tuvieron a la hora de no ceder ante caminos fáciles (para los cuales estaban perfectamente preparados, como se puede apreciar en este ep, el mas accesible de todos) y seguir por las vías de lo que les pedia su apertura de miras a la hora de ponerse a toquetear cosas y experimentar. Por supuesto, por mucho revival noventero en el que estemos inmersos a día de hoy, si ya en su día se les hizo poco o ningún caso, no creo que la fortuna les depare unos estipendios extra en forma de royalties procedentes de la muchachada contemporánea. Ni de coña. Es (era) el típico grupo que veías con mucha suerte en las listas de lo mejor del año de alguna publicación musical y que, llegado el momento, no terminabas de adquirir vinilo alguno suyo al sopesarlo en Discos del Sur (¡como se echa de menos esa tienda!) porque tus ahorros preadolescentes te impelían a pillarte cualquier chorrada de Pizzicatto Five. De cuando uno compraba con los oídos a sordas e iban pillando forma esas colecciones tan eclécticas de puro ridículo que tenemos a día de hoy. Bueno, y hasta aquí el anecdoton nostálgico.

Decía que Disco Inferno eran como un perro verde travestido de lémur, o ahí quería llegar para explicar su rareza, la cual solo se alcanza a entender escuchando repetidas veces sus 3 larga duración y los 5 eps. Repetidas veces porque, salvo el ep que me ocupa ahora, su discografía echa para atrás cosa mala las 2 o 3 primeras escuchas, sobre todo si uno no esta acostumbrado a la experimentación y al open your mind. Ian Crause se ha intentando quitar la etiqueta de heterodoxo musical señalando en repetidas ocasiones que sus principales influencias son Joy Division, New Order, My Bloody Valentine, Kraftwerk y cosas así, en un principio accesibles. Vive Dios que no miente (este ep lo grabo con Michael Johnson como técnico, el que fuera responsable de todos los maxis impepinables de New Order, y retraso su incorporación al estudio por acudir a un concierto de los mancunianos), pero a titulo personal añadiría a Flying Saucer Attack, Can, PIL, Wire y el resultado que obtiene del uso del sampler, que los aproximan a lo que conseguían White Noise con el corta-pega. Y ya después estaría el hermanamiento con Piano Magic, que suena descabellado de antemano pero algunas composiciones son primas hermanas y, ya en solitario, Ian ha tocado en no pocas ocasiones con ellos. Second Lenguaje es la mejor canción que podría tener Piano Maic, el Love and Music de Disco Inferno.

 The Last Dance apareció en 1993, habiéndose grabado poco después de la salida del magnifico lp D.I. Go Pop (que no contiene dicha canción, la cual si aparece aquí). Cuenta Ian a toro pasado que estaba en modo fan loco de New Order por aquel entonces (de ahí lo de contar con Michael Johnson en labores de producción, si bien es cierto que el ya era seguidor de Disco Inferno), así que alquilo una Gibson 335 como la de Bernard Sumner para afrontar su estancia en el estudio. Aprovecharon muchos samples que sobraron del registro de D.I. Go Pop, si bien son bastante testimoniales, las canciones no se entretejen en torno a ideas abstractas que partan de dichos sampleos. The Last Dance nos da durante sus 4 minutos una idea de como podrían haber reventado los charts indies Disco Inferno de haber tenido la libra esterlina en la mirada en vez de cualquier otra cosa: bajo post punk crujiente, líneas de guitarra perfectas, flangers, un bombo que entra antes del minuto 3 resaltando la no euforia de la canción y, sobre todo, un sentimiento melancólico que la convierte en pop para un mundo sin esperanza (al final no es el futuro, sino el pasado, lo que acabara con nosotros). No hay futuro, ya nos condenamos hace tiempo.

 D.I Go Pop, producida por Charlie MacIntosh, si parece haber hecho mayor uso del banco de samples, los cuales juguetean interponiéndose unos a otros de fondo para llegar a las capas superficiales en cuanto la voz de Ian les permite el acceso. 5 minutos de neo post-punk pionero de la nada, pues nadie (salvo Atari Teenage Riot) continuo por la senda abierta por esta canción. The Long Dance, de nuevo bajo control de Michael Johnson, parece ser la típica versión dub que siempre producía o remezclaba este señor cuando se encargaba de un maxi de New Order, con lo que podría afirmar que este es el Blue Monday (The Beach, mejor dicho) de Disco Inferno de no ser porque conserva la letra integra en toda su perfección, siendo una mezcla distinta con mayor duración y profusión de sampleos. Magnifica en todo caso, por descontado. Scattered Showers nos devuelve a los Disco Infernos del 95% de su discografía: intensos, emprendedores, valientes, raros, únicos. Casi 8 minutos que servirán de perfecto nexo entre lo accesible y lo difícil para cuando un nuevo oyente acometa la tarea de descubrir un grupo que jamás le sera recomendado por nada ni nadie mas allá de su curiosidad. Que aquí solo se han acordado de Ian Crause Jesus llorente y Victor Lenore, el primero por editarle un disco en su sello Acuarela y el segundo por hacerle una entrevista para el lamentable Rockdelux, por lo que, si leéis estas líneas, tendríais que ponerle remedio.

 

Disco Inferno – The Last Dance

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The Girls at Dawn – call the doctor (pop/punk)

Jark Prongo | Álbums,Discos | Miércoles, Septiembre 7th, 2011

De las girls bands que continúan en activo, las mas famosas probablemente sean Dum Dum Girls seguidas de cerca por Vivian Girls y las españolas Aias. Pero no las mejores. Mientras duraron, las canadienses The Organ marcaron unas cotas con su escasa discografía que solo queda al alcance de los grupos femeninos de laboratorio de mediados del siglo XX, y actualmente The Girls At Dawn, pese a su casi nula repercusión, no tienen rival. Vale que Dum Dum Girls facturen discos y eps notables (con Richard Gottehrer como productor así cualquiera) y estén jamonacas (aunque luego las ves de lejos a la salida de un Hotel antes de tocar y las confundes con unas chonis que han pactado vestir de riguroso luto Inditex por vete a saber que motivo), aunque ni siquiera en este ultimo aspecto pueden hacer sombra a las Girls At Dawn, pues parece que para ellas, y solo para ellas, se creo la expresión pajas de sangre. Vale, se que es un elemento carente de importancia a la hora de hablar/escribir acerca de su música, pero es verlas en cualquier video o foto y Onan aparece como conectado en el Messenger. Luego te anuncian el comeback de las Spice Girls y la libido se pilla unas largas vacaciones.

 Ana Economou (bajista), Sarah Baldwin (baterista) y Erin Campbell (guitarrista), de haber nacido hombres hace 20 años en Algete y haber encontrado un cantante en vez de pegar alaridos cada una de ellas, bien podrían ser los Nikis. No tienen ni puta idea de tocar. Nada. Se dedican a seguir la metodología de estos fenomenales madrileños, al menos en cuanto a lo que a la guitarra respecta: desplazan la mano por el mástil pulsando trastes al azar. Y el resultado cuesta creerlo de puro bueno. La metodología difiere levemente de los de Algete al superponer las 3 voces en todas las combinaciones que se puedan dar y tocar una cuerda del bajo de uvas a peras, mas que nada por amortizar la inversión en dicho instrumento. Pero cuidado, que aunque pueda parecer algo cacofónico a priori realmente tienen muy claro como quieren (y consiguen) sonar: punk-pop do it yourself. Y produce, graba y mezcla Erin, dejando solo en manos ajenas (y masculinas) al grupo la masterización. Esto si es feminismo bien entendido y no las paridas que rezan las pancartas que portan algunas pájaras del Movimiento 15-M.

 Hasta ahora su carrera ha estado mas o menos ligada a las de las Dum Dum Girls: empezaron casi a la par, sacaron ambas material en Captured Tracks (como las Aias) y Hozac Records y todas se declaran amigas de las Vivian Girls. Difiere en lo del éxito negado que decía al principio, y es algo que sigo sin comprender, pues ya no solo es que todo su material (este lp, 2 singles, un ep y un par de splits que aun no he conseguido escuchar) sea sobresaliente y fresquísimo, sino que el tema de estar o haber estado vinculado a Captured Tracks proporciona una inyección publicitaria que suele convertirse en hype al poco tiempo. Bueno, mejor que sigan así, a su bola, a que implosionen de éxito mercadotécnico.

 De las 12 canciones que conforman Call The Doctor 10 duran menos de 2 minutos, y las otras tampoco se van mucho mas lejos de dicha duración. Aquí encontramos espontaneidad que se va al extremo opuesto (tanto por duración como por virtuosismo) de lo que seria un lp de Popol Vuh o el enésimo peñazo de Rush. A veces parece que estemos escuchando el ep pop nunca grabado por las escocesas Lung Lee. Que tampoco da para hacer muchas cábalas la cosa, pues conforme estas sacando parecidos y nexos te das cuenta que has de cambiar la cara del vinilo porque se ha terminado de lo folladas que van las tías estas. Las canciones terminan casi antes de empezar, por absurdo y ridículo que parezca. Esto hace que resulte imposible destripar el disco canción a canción, claro, no tendría sentido redactar frases que se prolongan por mas tiempo del que dura la canción de la que hablan. Y mejor así.

 Pues eso, que le deis una oportunidad a estas jamelgas, que son las mejores. Y comprad bromuro por si algún día vienen a dar un concierto.

The Girls at Dawn – live (@ Mercury Lounge)

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The Girls at Dawn – come here to die

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Jeremy Jay – splash (pop/rock)

Jark Prongo | Álbums,Discos | Lunes, Septiembre 5th, 2011

Jeremy Jay se parece a lo que en el parque automovilístico seria un Talbot Horizon o un Lada Niva, claros referentes de errores de diseño, y para terminar de apañarlo la envergadura de sus extremidades conduce a pensar que cada cierto tiempo tiene que acudir a revisiones medicas por un mas que probable Síndrome de Marfan. Esto no es un faltar de modo gratuito, ya que le admiro, sino una introducción a la teoría conspiratoria que voy a dejar caer: el californiano no es noticia día si día también en las webs musicales por no ser un chulazo tipo Julian Casablancas. Discos y canciones tiene mas que de sobra como para figurar de continuo en Pitchfork, NME y, ejem, Jenesaispop, así que solo cabe pensar en un veto urdido por el contubernio islámico-vascuence o los reptilianos para explicar su ausencia en dichas páginas, máxime si sabemos que Jeremy viene entregando desde el 2007 un disco cada año que no baja del notable. No obstante, cada oyente ocasional de sus canciones termina deviniendo en fan. Un poco por el carisma del músico, otro tanto por las hechuras de pop atemporal que tienen y un mucho por la calidad irrebatible de las mismas.

Canciones de tan exquisito sonido responden, ademas de a un inmenso talento innato, a unas filias que le delatan como un aristócrata del buen gusto. Jeremy es un bon vivant que no deriva en hipster, es un anacronismo que revisa una y otra vez Vivir Su Vida (Jean Luc Godard) mientras degusta un brandy pero que también disfruta viendo cualquier peli de John Hughes con un cartón de Don Simón en la mano. Como ha de ser. Su aspecto le emparenta con Serge Gainsbourg (Jeremy es francófono y ha vivido bastante tiempo rodeado de gabachos), aunque la música que escucha va mas por Siouxsie & The Banshees, Jonathan Richman & The Modern Lovers, Suicide y demás triunfos nuevaoleros, sin dejar de lado a los Smiths, Sonic Youth y otros tantos imprescindibles, dando como resultado un sonido totalmente personal, en buena medida conseguido a través de tener muy claro como quiere sonar y producirse a si mismo las canciones. En dicho sonido personal e intransferible algo tiene que ver también ser amigo de Calvin Johnson (Beat Happening) y publicar los discos a su amparo en K Records.

Si bien lo lógico seria comentar su mas reciente (e ignoradísimo) disco, Dream Diary, prefiero hablar de Splash, lp que desde su publicación a mediados del 2010 pocas veces se ha movido de mis platos. Con una portada francamente horrible (que nos muestra a Jeremy en un parque con una pose y atuendo que nos puede llevara pensar que es un chapero venido de un pasado victoriano o un child molester esperando a que la muchachada acuda por allí), los créditos atribuyen al señor Jay las labores de producción, composición, mezcla, guitarra, piano, sintetizador y voz, quedando la guitarra rítmica para Jet Marshall, el bajo en manos de Tony Harewood y la bateria a cargo de Jacob Grace. Un poco por tener una banda con la que defender el disco de una manera normal en directo, porque fijo que, de habérselo propuesto, Jeremy habría podido prescindir de todos ellos. Vamos, que son contingentes por definición.

Splash resulta muy homogéneo tanto en cuanto al sonido que contiene como a la calidad de las canciones, donde lo heterogéneo viene marcado por un salto de calidad del notable al sobresaliente en las mismas. As You Look Over The City nos introduce en lo que sera el pop de maneras clásicas del disco, con la genial guitarra y Jeremy soltando los primeros gorgoritos afectados a la Morrissey. Bien. Just Dial My Number quizá sea la canción mas conocida del lp, pues conoció edición en 7¨ y videoclip promocional. Si las radioformulas funcionasen no movidas por maletines de discográficas esto habría sido numero uno un par de semanas seguidas como poco, pero a estas alturas es bastante cándido lamentarse por ello. Piano para el recuerdo que Jeremy sustituye en sus directos por un perfecto riff de guitarra, letra que hermana la canción con la inocencia de los grupos femeninos producidos por Phil Spector y anticipo del titulo del lp de este año, que debe todo su sonido a esta magnifica canción.

Splash pilla nervio y consigue ser así la canción mas guitarrera del disco, pero siempre manteniendo la elegancia de la que se impregna todo este álbum homónimo. Mención para una temática recurrente en las letras, los Jaguars, pero entendidos como animales, no como guitarras (también aparecen con este significado, dejando entrever la mitomanía de Jeremy). It Happened Before Our Time es el segundo tema sobresaliente del disco, con unas guitarras sencillamente perfectas, un Jeremy totalmente venido arriba en términos vocales y una letra que (probablemente me equivoque) alude a la extraña (y fascinante a la vez) película neozelandesa The Navigator: Una Odisea Medieval (Vincent Ward), con esa frase final de excavamos profundos túneles a través de las inacabables aceras. Nada, no hacerme ni caso.

A Sliver Of A Chance comienza con Jeremy declamando mas que cantando, en la mejor tradición Suicide, pero antes de llegar al minuto de canción las notas sostenidas estallan y adquieren una cadencia que nos acerca a los tiempos del pop superlativo, con un tramo final en el que se alternan los gorgoritos del californiano con lo que parece ser un laúd o un sitar que no figura en los créditos de producción. Magnifico nexo para preceder a la obra magna del disco y una de las mejores canciones de la pasada década, Hologram Feather. Esta obra maestra absoluta comienza con un Jeremy confesando que una Jaguar plateada y la emoción mas fuerte son algunas de las cosas por las que te recuerdo, lo que evidencia varias cosas: que la historia es real, que va dirigida a algún (o alguna) guitarrista (y presumiblemente cantante también, pues existe cierta ambigüedad con si escribe canciones dedicadas a el/ella o para que las cante, tipo Victor Sandoval con el disco del transexual conocido como Támara), que maneja las elipsis narrativas como pocos y que no le molesta abrir su corazón de un modo elegante. Ole. Por momentos la guitarra parece que va a irse por los acordes del famoso one hit wonder Liquido de Narcotic, pero ahí se queda la cosa, en un mero espejismo de plagio que encuentra su propio y brillante camino ayudándose de un teclado que sostiene las notas en los momentos previos a los anticlímaxs, de los que esta plagada la canción. Hasta en la letra, con un finalazo abrupto: conduje a San Francisco a solas para visitarte. Enorme, de verdad.

This Is Our Time, siendo buena con ganas, flaquea en comparación con la canción que sonó antes. La letra nos deja a un Jeremy henchido de amor soltando las promesas manidas que se suelen decir en estas circunstancias y que tantos facepalms provocan años después. Someday Somewhere es la canción mas liviana del disco, pero solo en duración, pues la intensidad regada de piano de esta pieza es considerable tanto por remitir al Richard Hawley mas en modo crooner como por la polisemia de la letra, que puede tratar tanto de un capricho momentáneo de Jeremy en forma de persona como de la desaparición de alguien para siempre, pasando por los fantasmas del pasado que adquieren forma corpórea. Y para cerrar el disco nada mejor que despedirse de forma elegante y coherente con la retórica Why Is This Feeling So Strong?, pegadizo medio tiempo donde Jeremy vuelve a hacer de impersonator de Morrissey, solo que contagiando del tono afectado del mancuniano la letra de la canción, con el clásico amor imposible que te carcome y te jode la vida.

Un discazo, vaya que si. Y Dream Diary, su continuación, mantiene el tipo, si bien se atraganta algo de primeras por su exceso de minutaje, eso que tanto daño hace al pop. Solo queda recomendar no os perdáis a Jeremy Jay en concierto, que merece la pena siempre (en su ultima visita a Madrid arranco casi tantos aplausos como Dolores). Le tenéis el 8 de Septiembre en el Nasti y el 10 en Barcelona.

Jeremy Jay – dial my number

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Salem – King Night (shoegaze/emotronica)

Jark Prongo | Álbums,Discos | Miércoles, Agosto 31st, 2011

Ha pasado casi un año desde que Salem publicasen este King Night, su debut, y en dicho lapso de tiempo Internet se ha visto salpicada por varias reseñas de marcado corte idiota, destacando por encima de todas la publicada en la web ¿musical? Jenesaispop. En ellas se ha enfatizado sobremanera la etiqueta de genial nombre pero necio significado witch house, así como la aseveración descriptiva Salem suenan como M83 en un walkman que se esta quedando sin pilas (y la variante que juega con la velocidad de giro del plato de cualquier tocadiscos), y ambas cosas  resultan autenticas aberraciones. Tanto por el flaco favor que hacen a uno de los grupos mas fascinantes que han aparecido en el cada vez mas homogéneo panorama internacional como por la manera de evidenciar la necedad de quien escribe las reseñas. Menos mal que Javier Blanquez y Juan Cervera, que si saben de lo que hablan y procuran hacer justicia (tanto al objeto de la critica como al oficio que supone escribir), equilibraron un poco la balanza con sendas criticas notables. Otra cosa bastante molesta es el hincapié puesto en la supuesta drogadicción y pasado gayer (en su modalidad de pago) de John Holland, uno de los 3 miembros del grupo, convirtiendo toda reseña en algo mas próximo a un testimonio de superación de cualquier carguito de la Fundación de Ayuda Contra la Drogadicción simulando ser un ex yonqui que en una critica musical propiamente dicha. Así no, joder; a un grupo con un sonido tan etéreo y misterioso como Salem no se le puede tratar como a una Amy Winehouse de la vida. Casi mejor todo lo contrario: habida cuenta que ellos dosifican al máximo la información que quieren se sepa (ahí están las enigmáticas portadas de los eps anteriores a King Night para atestiguarlo), no vengáis a hacer periodismo rosa musical hablando de lo que carece de importancia al comentar una obra semejante. Llegáis, citáis sus nombres (Jack Donoghue, Heather Marlatt y el ya mentado John(ki) Holland), sus influencias o lo que creáis que pueden serlo (Boards of Canada, Aphex Twin, M83, My Bloody Valentine, Portishead, Dead Can Dance, Angelo Badalamenti/Julee Cruise, Atari Teenage Riot, con quienes comparten productor, y, por supuesto, Burial, al que tenían que haber imitado en cuanto a preservar la imagen misteriosa) y pasáis a comentar la música. De aquella manera. Vuestra manera.

 (Nota: en esta ocasión no voy a hacer alusión alguna al contenido de las letras de las canciones. Prefiero que permanezca el halo de misterio que da ese i love you de otra dimensión que abre el disco)

King Night es uno de los discos mas cinematográficos que uno se pueda echar a las orejas, cada corte parece concebido para acompañar una secuencia de cualquier película de cadencia sonámbula que se os ocurra, o directamente toda la filmografía de Jean Rollin, que para el caso es lo mismo. Esto no es descabellado, pues Salem lo han dejado entrever con los magníficos videos que ellos mismos elaboran y lo han confirmado reconociendo al cine como principal influencia, por encima de cualquier grupo o genero. King Night abre con unos coros que compiten con lo que aun no se si son guitarras o sintes saturados, y la canción encajaría perfectamente como acompañamiento a la persecución de Robert Mitchum a los huérfanos en La Noche Del Cazador (Charles Laughton) o como sustitución de la versión del Song To The Siren a cargo de This Mortal Coil en un pasaje muy determinado de Carretera Perdida (David Lynch). Asia es, sencillamente, una canción que no te puedes sacar de la cabeza ni con una autotrepanación, pareciendo cosa de un Gary Numan ocultista. Si bien el video rodado por Salem se me antoja perfecto, no desentonaría como cierre en Acoso En La Noche (Jean Rollin), mientras vemos a Brigitte Lahaie y Vincent Gardere andar cogidos de la mano y desposeídos de toda voluntad a una muerte segura. Que canción y que final, parecen hechos para encajar quirúrgicamente. Frost, con los susurros de Heather imbuyendo toda la canción de un tono fantasmagórico que recuerda a la simbiosis perfecta entre Bilinda Butcher y Julee Cruise, bien podría ser (el titulo no creo que sea casual) cualquier canción cantada por esta ultima en la cantina de la serie Twin Peaks (David Lynch/Mark Frost). Romanticismo de otra dimensión.

Sick, con unas bases que parecen haberse tomado lidocaína mientras eran programadas, cuenta con un rapeo grave y desganado que recuerda a las amenazadoras primeras apariciones de Freddy Krueger en Pesadilla En Elm Street (Wes Craven), cuando el psicópata aun no era un sátiro y daba autentico canguelo al erigirse en Dios único del mundo de los sueños (y, por lo tanto, hacer y deshacer a su antojo la poca lógica que sustentaba el mundo de lo onírico). Release Da Boar es la mezcla perfecta entre M83 y My Bloody Valentine, con unas frecuencias que parecen venir de otro plano dimensional o, simplemente, recordarnos que quienes estamos al otro lado, realmente, somos nosotros, como sucede a lo largo de Carnival Of Souls (Herk Harvey). Trapdoor retoma los fraseos psicopáticos y añade casi a la mitad del tema una línea de sinte que sera lo mas festivo (dentro de los márgenes anestesiados en los que se mueven Salem) que oiremos en todo el disco. Un poco morir, desprenderte de tu cuerpo e irte de fiesta velando por alguien en una ciudad de neón, como sucede en Enter The Void (Gaspar Noé). Redlights nos devuelve a Heather, solo que acompañada esta vez de un sinte sostenido que juguetea con frecuencias casi propias del acid, y podría musicar perfectamente la excursión a la luz del día a las rocas de las colegialas de Picnic En Hanging Rock (Peter Weir) o cualquiera de los sueños de La Ultima Ola (de nuevo Peter Weir). Hound, con esas percusiones casi tribales y el aire trágico de los sintes, habría quedado de maravilla en el críptico y alucinado final de Les Herbes Folles (Alain Resnais). Como si lo viese.

Traxx no deja de lado las percusiones tribales, y el tono de Heather suena marcadamente depresivo en esta ocasión, como anticipando algo inminente o lamentándose por la mierda de realidad que le ha tocado vivir. Niquelada para el ultimo plano fijo en forma de fresco vivo que se muestra en Canciones Del Segundo Piso (Roy Andersson). Tair samplea bombos del Wake Up de Laurent Garnier y, sin ser mala canción, quizá sea la única prescindible del disco, pues es la que mas se asemeja al hip hop convencional. Por ese mismo detalle tampoco se puede asociar a una película de ambiente somnoliento, por lo que da igual que diga que le pega a la TV Movie Felipe y Letizia (Joaquín Oristrell) mientras Marichalar se canta unas rimas guapas en una narcocena fuera de plano que a Simón Del Desierto (Luis Buñuel), entendiendo que las rimas son las cosas que le dice el estilita al diablo. Killer nos saca del agradable amodorramiento en que nos ha sumido todo el disco, cerrando con esta coda que resulta muy próxima al shoegaze de toda la vida, solo que con la acostumbrada voz cansada, casi hastiada. La explosión de ruido como contraste a lo perezoso de las bases y la voz hace que sea perfecta para acompañar otro final de película de Jean Rollin, concretamente el de La Vampiresa Desnuda y su recurrente (en la filmografía del francés) playa, la cual observa como dos amantes enfrentan amor y muerte para trascender lo fútil de su vida. Que dicho así parece una mariconada, claro, lo suyo es ver la escena con la canción de fondo.

Un disco casi perfecto, realmente sugerente y misterioso, de atmósferas etéreas y extrañamente románticas. Imprescindible, tanto por la música que contiene como porque nos recuerda que las pesadillas, casi siempre, son mejores que la realidad. Y si no os lo creéis, ahí queda la venidera reforma constitucional que nos vamos a chupar para demostrarlo. A tope con la democracia, claro que si.

 

Salem – asia

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The Wake – crush the flowers (Pop)

Jark Prongo | Artistas,Sin categoría,Singles | Lunes, Agosto 29th, 2011

Agosto es un mes que suele equivaler al relajo en los atuendos, siendo normal ver por la calle una cantidad casi ofensiva de chanclas, camisetas estilo imperio y bermudas indescriptibles, pero para algunos melómanos es la efeméride del suicidio de Sarah Records, el legendario sello de Bristol comandado por Matt Haynes y Clare Wadd. Toca, pues, hablar de algún disco suyo, concretamente de la referencia que ocupa el numero 21 de los 99 singles publicados mientras estuvo operativa la discográfica, primer single de los escoceses The Wake una vez rebotados de otro sello tanto o mas legendario, Factory Records. Si durante su estancia en la compañía de Tony Wilson destacaron por la practica de un post-punk tirando a oscurete que les mantuvo en un semi anonimato (no por la calidad de la música perpetrada, que era mas que buena, sino porque sus compañeros de sello New Order eclipsaban a todos los grupos de Factory), este primer single para Sarah es descaradamente pop. Tan pop que, de cara a recomendar a alguien se inicie en los grupos del sello, probablemente habría que instarle a escuchar primero este disco, pese a que referencias anteriores ya contaban con monumentos pop del tamaño del Sensitive de The Field Mice, el All Of A Tremble de St. Christopher o el noise que anegaba todo el Come Get Me de 14 Iced Bears.

The Wake eran escoceses, lo que garantiza un marchamo de calidad inherente a todo lo que hagan. El nombre del grupo tiene mucho que ver con James Joyce, lo que nos recuerda que no siempre los músicos eran gañanazos que expresaban por Twitter (con léxico de mongomermados) sus reflexiones acerca de cualquier fruslería sociopolítica, sino que hubo tiempos en los que leían, incluso con criterio al optar por la obra a leer. Mas allá de los cambios en la formación, el núcleo fueron Gerard Mclnulty (ex Altered Images) y los hermanos Steven y Carolyn Allen, y por allí estuvieron Vini Reilly (Durutti Column) y el pintamonas mas grande de la historia del pop británico, Bobby Gillespie, antes de unirse a los hermanos Reid para figurar en los créditos del primer larga duración de The Jesus & Mary Chain y bregar así para terminar de hacerse famoso sin tener ninguna cualidad o talento que le hiciese merecedor de ello. Pero bueno, a lo que vamos, que es mentar a ese cretino y me pongo hecho una hidra… Decía que el cambio entre la etapa Factory y la que iniciaban en Sarah fue sensible, pasando del rollo tenue casi oscuro al pop de campanillas mas desacomplejado, y esto se evidencia desde el mismo envoltorio del 7¨, ocupado por una rosa con el color virado a un tono cuasi fucsia que nada tiene que ver con el frio minimalismo de los primeros singles autoeditados y los lps y singles de Factory (en los que no estuvo implicado Peter Saville, como cabria esperar). Pasaron del avant garde ruso de El Lissitzky al retrato jardinero en una radicalización del discurso a favor del pop que es curiosa de cojones.

La cara a contiene Crush The Flowers, una canción tan extremadamente pop y buena que hay que oírla para creerlo. Con un teclado saltarín que no abandonara jamás su presencia a lo largo de la reproducción, se van añadiendo guitarras y lo que parecen unos campanazos en perfecta armonía hasta que un mini parón da pie a la dulce voz de Carolyn Allen: aquí viene mi consejo, piensa sobre todo lo que haces, si no te gusta lo que ves solo has de decírmelo. La replica la dará Gerard, de forma dubitativa: pero no se que hacer, ¿por que debería escucharte? Si vieses lo que veo no me escucharías. Una puta maravilla. El pop pocas veces ha alcanzado cotas de tamaña altura. Y para colmo, casi 20 años después (el 7¨ es de 1989) rescatarían la maqueta de la canción para un recopilatorio que Siesta hizo homenajeando al finado Keith Girdler (Blueboy, también en Sarah Records) superando el nivel cualitativo de la versión oficial al sonar mas inmediato y con mayor predominio de la guitarra, que recuerda de alguna manera a la tormenta final del It Isnt Forever de The Field Mice, solo que aplicándola a otro formato de canción.

 La cara b esta ocupada por Cardbrain (barrio del que proceden The Wake), tema muy próximo a la vertiende pop de sus ex compañeros New Order. Tan próximo que si el bajo se lo atribuyen en los créditos a Peter Hook me lo creo sin dudar un instante. Aquí el protagonismo vocal cae en Gerard, pero Carolyn se pasa toda la canción susurrando paparapas que nos recuerdan que si bien el bajo es mas post punk que un disco de PIL, el conjunto sigue siendo deliberadamente pop, como también se encarga de constatar el sutil teclado. Otra maravilla; gran parte de los fans prefieren este tema a la sublime cara a, preferencia con la que discrepo y por la que estaría dispuesto a batirme en combate grecorromano, pero es bueno que de alguna manera no haya consenso por dirimir cual cara es mejor de las dos. Otra cosa seria si se quiere entrar a discutir que canción es mas mierder, pero ahí ya estaríamos hablando de un disco totalmente distinto, posiblemente de Deluxe o cualquier remedo de artista similar. En resumen, un disco a comprar si o si, mas ahora que Captured Tracks lo ha reeditado (junto al primer single que sacaron en Scan 45) con motivo del pasado Record Store Day, aunque en una maniobra marcadamente oportunista (como la reedición de The Servants que esta por llegar) y torpemente ejecutada, por no decir casi sacrílega. Porque no es de recibo que lleguen y planten el logo de Captured Tracks sobre las galletas originales con fotos de Bristol que adornaban el vinilo original, y mucho menos que mancillen la contraportada original sustituyendo el clásico ¨distributed by Revolver/The Cartel¨ por su sede social y página web. Eso no se hace, hijos de puta.

The Wake – crush the flowers

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Die Antwoord – $O$ (raveneck hop)

Jark Prongo | Artistas,Discos | Jueves, Agosto 25th, 2011

 Es una lastima. Todos los canis españoles celebraban ya que España vuelve a destacar en algo a nivel internacional (junto al consumo de cocaína y la circulación de billetes de 500 leuros procedentes de actividades poco o nada licitas), concretamente en ser modelo a seguir en cuanto a mal gusto y zafiedad, y tienen que llegar 3 notas de Sudáfrica a callarles la boca (como el Monarca en su día a un famoso orate sudamericano y en otra ocasión a unos marxistas vascuences) y aguarles la fiesta. Años y años siendo pioneros del chandalismo, los abalorios sobredimensionados, la fusión de polígonos con tuneos corporales y los neologismos mas abstractos que quepa imaginar para verse superados por Die Antwoord, los cuales, para colmo, son una crew con bastante cerebro que no hace mas que impersonar unas actitudes y atuendos. Vamos, que no son canis de pura cepa, ni de lejos. Espero que en breve la facción moderada cani española se pronuncie a través de lo que parecen ser sus representantes oficiales, Andy y Lucas. O que El Batu se marque un comunicado extraoficial por youtube mientras se hace unas sentadillas toh guapas, primo.

El primer contacto con Die Antwoord lo tuve a través del magnifico cortometraje Umshini Wam, del enfant terrible (el autentico, no la farsa Tarantino) del cine yanqui Harmony Korine. Ahí se mostraba a dos seres (Ninja y Yolandi) a lomos de sendas sillas de ruedas haciendo macarradas mientras parodiaban todas las constantes del hip-hop (mecheros y calamardos uberdimensionados, deconstrucción de las palabras, devoción por las armas y los oropeles, pasión por la ultraviolencia), con un final que convertía lo horrible en poético y unas bases del tercer Die Antwoord (DJ Hi-Tek) que tenían mas que ver con el eurodance y el new beat belga que con lo habitual en el hip-hop. Me quede fascinado, claro. El paso siguiente fue buscar videoclips, los cuales aumentaron el impacto, follándome la cabeza a base de bien: Ninja y Yolandi no paraban de hacer el gangsta de forma muy seria, con esa presencia que Dios les ha dado, a medio camino de lo white trash y las conductas de cualquier negrata suburbial. Lo que se dice unos caniggaz (si se me permite el neologismo) orgullosos de serlo. Aunque no siempre fueron así; Ninja es un licenciado en historia del arte con una larga trayectoria musical que en su anterior encarnación tenia pintas de amish en foto de orla y Yolandi la madre de su hijo. Pero sucede que a uno le llega cualquiera de sus videoclips al mail, que fue lo que creo el hype en Internet, y se da de bruces con un tísico moviendo la chorra bajo una bermuda de Pink Floyd y lo que parece una niña albina retrasada marcando tetacas y camel toe simultáneamente mientras tararea estribillos con una voz aguda a mas no poder. Y lo reenvía a todos sus contactos, ya que igual no se entiende el discurso que hay detrás de todo eso, pero da mucha risa y cosa loca.

Ya después se comenta entre amigos, dentro de los cuales siempre habrá un hipster de mierda que dirá bah, ni es música ni es cool. Mal, joven alternativo de provincias: las canciones son temazos y si los grupos que a ti te molan precisamente lo hacen porque cuentan con alguna asiática en sus filas, estos lo petan mil veces mas, pues paraban con un dj progérico (ya finado… respect, yo!). Ademas, los cabrones frasean como pocos mezclando ingles, africano y elementos de la cultura zef (que en palabras suyas vendría a ser el lujo de lo hortera), y las letras son enormes por varios motivos. Primero, que tienen un contenido sexual que deja al Marques de Sade al nivel de un beato mojigato; segundo, que hay una autoreferencialidad (Ninja citándose a si mismo a cada momento) que, de puro quinqui, mola; tercero, que parodian todos los lugares comunes del hip-hop desde la hipérbole, quedando como resultado unas macarradas que tiembla Wu Tang Clan; cuarto, Wat Kyk Jy, casi íntegramente en sudafricano (aprende, Manu Chao); y quinto, que como la frontera entre la impostura y lo real es muy pero que muy difusa si no se sabe nada del grupo, resultan divertidísimas para el que los pille de nuevas.

In Your Face abre invirtiendo lo que sera luego la dinámica a lo largo del disco, de tal forma que aquí Yolandi frasea al principio y Ninja se encarga del estribillo y los fraseos finales. Sobresaturación de imprecaciones, palabras feas y recadito para todo aquel que no defienda su idioma y opte por el ingles. Enter The Ninja es la canción que les hizo mas famosos, un poco por el video con el DJ progérico y otro por lo pegadiza que resulta. Con un estribillo de romanticismo choni, la letra podría ser perfectamente el manifiesto Die Antwoord, con tanta declaración de intenciones y autoreferencia. Y, curiosamente, la parte final (¡joder, esta es la canción mas guapa que he escuchado en mi vida! Que os follen a todos los que dijisteis que no lo conseguiria… decían que era un perdedor, un don nadie, un jodido psicópata, pero mírame, ¡estoy en la Internet, en todo el mundo!) ha terminado por ser profética (el disco se grabo en el 2009) para ellos y un magnifico análisis de la sociedad contemporánea, donde el nivel de éxito, ademas de en términos de riqueza (como siempre), también se puede valorar en función del numero de visitas de un video colgado en youtube. Años y años haciendo estudios chorras Don Amando de Miguel y le dejan en evidencia 3 rednecks al cierre de un temazo. Bravo.

Wat Kyk Jy es una autentica barbaridad. Con un fondo que parece cosa de un Frank de Wulf del medio levante noventero, Ninja y Yolandi alternan fraseos en africano a una velocidad endiablada mientras dejan imágenes certeras de su concepción del amor (estas preciosa con mi polla en tu boca) y se acuerdan del androide de protocolo C3PO. Temonazo absoluto, por supuesto. Evil Boy, su colaboración con el omnipresente Diplo, es mas normalita, ejerciendo casi de mero puente entre la tercera y la quinta canción. Si se puede destacar algo serian las percusiones, ya que, sin ser malo el tema, no esta al nivel de las 2 enormidades que lo precedían. Rich Bitch conjuga chanzas a costa de Lady Gaga y similares con una curiosa apología de esa practica tan rentable conocida como braguetazo, estando a cargo de Yolandi por completo. Es curioso el contraste que hace entre el lujo adquirido como nueva rica y cosas tan chonis como el sándwich de Nutella, queriendo significar igual que las costumbres prevalecen mas allá de los cambios radicales en las condiciones socioeconómicas, como esa vez que invitamos a nuestro cuñado rico a comer y el monstruo se jamaba hasta las cabezas de las sardinas. Die Antwoord 2, Amando de Miguel cero.

Fish Paste y $copie llevan a Die Antwoord a terrenos mas electro. La primera enfrenta a Ninja con sus enemigos, los indiferentes y hasta con sus propios fans, siendo un yo contra el mundo. La segunda parece un cruce loco entre el Aphex Twin mas raver con Aux-88 o cualquier otra de las encarnaciones electro de Keith Tucker. En ella se describe lo que es una jarana en la vida de Ninja: dronja, licores, confusiones sexuales (¿que cojones es eso? ¿Pis? Que va, tío, es flujo vaginal) y descerebre en general, nada que difiera en demasía de lo que se pueda ver en cualquier caseta andaluza durante la feria de abril. Ambos temas son introducciones a la maravilla que esta por comenzar.

Beat Boy comienza con un loop de human beat box que continua con Ninja viniéndose arriba y fraseando con la dicción propia de cualquier joven actor español, hasta que llega Yolandi y suelta un estribillo en la línea pegadiza del regalado en Enter the Ninja. Aquí la música se va claramente a terrenos techno, con unos bombos gordísimos y una duración que parece cosa de un tema de Maurizio. Temonaco que encaja en cualquier sesión, fiesta, cuchipanda y lo que se os ocurra. She Makes Me A Killer es la canción seria del disco, casi pareciendo un intento por parte del autor (Timon Wapenar, ajeno a Die Antwoord) en colocarles en las listas de itunes o el Billboard. Las reflexiones, por consabidas, no son menos reales: una mujer es mas peligrosa que una pistola cargada, nunca te cases con una mujer guapa, etc etc. Y la cosa queda bastante radio friendly, si no fuese por la habitual cantidad de palabrotas y sexo chungo que incorporan a la canción. Doos Dronk (que contiene como pista oculta $O$) resulta una actualización de las cantinelas de borrachos que cantaban los piratas cuando dicho ¨oficio¨ no tenia la acepción jocosa de ahora. La verdad es que resulta un poco cargante pese a lo exótico de estar cantada íntegramente en sudafricano, pero como la autoría no es cosa de Die Antwoord, nada que echarles en cara. Bueno, si: mejor haber cerrado con $O$, pista instrumental para el lucimiento de Dj Hi-Tek y claro anticipo de por donde irían las composiciones para el corto Umshini Wam.

Pues eso, que Die Antwoord son la poh, primo. Parecen palurdos jugando a los youtubes, pero se ríen de todo el mundo con una inteligencia que, fuera coñas, les emparenta con los Monty Python de los tiempos gloriosos del Flying Circus. Y ademas se permiten rechazar el salto definitivo al estrellato (Yolandi declino hace poco la oferta de David Fincher para encarnar a Lisbeth Salander en la adaptación estadounidense de Los Hombres que no Amaban a las Mujeres), pues saben que a ese nivel la chanza seria controlada y coaccionada. Que grandes, joder. Que les haga un videoclip Chris Cunningham ya mismo.

Die Antwoord – beat boy

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Die Antwoord – enter the ninja

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The Creation – making time/try and stop me (rock)

Jark Prongo | Artistas,Discos,Singles | Martes, Agosto 23rd, 2011

Es necesario hacer cierta justicia al legado de The Creation, máxime teniendo en cuenta que a lo largo de varias décadas, salvo cuatro gatos, ciertos teutones y el publico mod, la historia se ha negado ya no solo a mentarlos las numerosas veces que merecen (acorde a la calidad del material que publicaron en vida), sino a arrebatarles los hallazgos que tuvieron para con la música. En un fenómeno parecido al revisionismo histórico tan de moda de un tiempo a esta parte para reescribir y reinterpretar según qué hechos en base a la obtención de unos réditos, a los Creation les despojaron de sus innovaciones para atribuírselas a otros, de manera totalmente injusta. Pero hablare de eso más adelante, primero me gustaría hacer una breve contextualización del grupo en el espacio tiempo, comenzando por como tuvieron a bien definirse ellos: nuestra música es roja, con flashes purpura. ¿Sinestesicos o hasta el culo de alucinógenos?

The Creation se formaron en 1966 como resultado de las cenizas dejadas por The Mark Four, grupo beat en la onda de lo que monopolizaba las radios británicas por aquel entonces. Oficialmente estuvieron vivos dos años (excluyo los comebacks que se dieron a partir de los 80), durante los cuales la formación fluctuó conforme sus componentes iban y venían; en esencia, los señores que materializaron este single de debut fueron Kenny Pickett (cantante y letrista), Bob Garner (bajo), Mick Thompson (guitarra rítmica), Jack Jones (batería) y el autentico genio tras todo lo obrado por el grupo, Eddie Phillips. Compartieron el mismo productor en sus inicios (Shel Talmy) que otras leyendas británicas como los Kinks (donde termino como bajista John Dalton antes de ser un Creation) o los Who (donde, según el rumor, iba a tocar como segundo guitarrista Eddie Phillips tras ser invitado por Roger Daltrey), por lo que su sonido no se desmarca en exceso del de estos grupos mentados  e incluso ofrece grandes paralelismos con los Who, al menos en lo que al uso de feedback como elemento armónico respecta. Las diferencias para con ellos y el resto de grupos las establecería Eddie Phillips con sus avances sobre la guitarra a base del clásico método prueba-error que tan bueno ha sido para la música, en contraposición a como ha resultado en nuestro día a día cada vez que lo hemos aplicado a disciplinas como la gastronomía.

Este fenómeno tiene una base como guitarrista que mezcla la artesanía de andar por casa (aka bricolaje musical) a la hora de construir sus guitarras, amplificadores y tunearlos (lo que le convierte en el padre espiritual de Fela Borbone, el archiconocido creador del mierdofon) con un encomiable espiritu emprendedor a la hora de mezclar actividades a priori incompatibles. ¿Que tengo un arco de violín muerto del asco por casa? Pues lo pruebo con la guitarra. ¿Que no conseguimos un teclista ni pa Dios? Pues sustituyo el teclado con feedback. ¿Que nos quedan un poco sosainas las actuaciones? Pues nos ponemos a hacer el idiota durante las mismas con pintura liquida, a lo Pollock. Y así con todo, menos con lo que realmente tuvo que haberse preguntado: ¿Que el pringui de Jimmy Page va diciendo por ahí que el invento lo del arco con la guitarra? Pues ojala le dé un cáncer de sida.

Puede parecer una boutade fruto del querer epatar para así obtener cuota de mercado, pero lo cierto es que lo del arco con la guitarra ofrece un resultado sensacional. Igual es cosa del magnífico riff de Making Time, que sonaría bien hasta con una guitarra de gominola, si bien esta teoría se desmonta con la cara b, Try and Stop Me, donde la misma técnica se usa sobre un riff no tan contundente y la cosa sigue sonando a las mil maravillas. En la cara a su faceta Who, y en la b la vertiente Kinks para configurar un single perfecto que jamás tuvo la repercusión deseada, salvo en Alemania, donde The Creation son algo así como mitos sesenteros y llegaron a grabar especiales televisivos que seguro seguirian desde casa con extrema atención los miembros de Can, Neu! y toda la avanzadilla kraut.

Y si empezaba hablando de la poca o nula repercusión que tuvieron, justo seria también hablar de pasada de los que se han acordado de ellos, curiosamente gente muy válida en lo suyo. Entre finales de los 70 y principios de los 80 Paul Weller (The Jam), Dan Treacey (Television Personalities), Ed Ball (TV Personalities y The Times) y Alan McGee (Biff Bang Pow! y fundador de Creation Records) fueron los principales prosélitos de la causa musical de los Creation, ya fuese bautizando a su grupo con el nombre de una canción del grupo y a su sello con el del conjunto (Alan McGee), incluyendo homenajes en las portadas e insertos (Dan Tracey, Ed Ball y Paul Weller), haciendo versiones  (Dan y Ed) o, sencillamente, empezando a tocar música desde la admiración al grupo (Television Personalities). Ya a finales de los 90, el magnífico cineasta Wes Anderson decidió musicar uno de sus montajes con el Making Time, concretamente en la película Rushmore (Academia Rushmore aquí en Epaña), alternando el homenaje al grupo con otro a la nouvelle vague. Y esta ultima acción es lo que les ha dado la poca repercusión con la cuentan actualmente, noble gesto por parte de quien es también en buena medida culpable del revival Kinks.

En definitiva, una lástima para alguien como Eddie Phillips. Pero más que por el latrocinio de Jimmy Page, por ver como en los ochenta una versión de Boney M de un tema suyo llegaba más alto de lo que pudiera el jamás en las listas de ventas. Le pasa eso a uno y no le quedaría más que infundir miedo a la noruega, como Anders Behring Breivik.

The Creation – making time

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