
Si Los Simpsons (durante sus primeras once temporadas) se convirtieron en el mejor análisis sociológico posible de la población occidental de los últimos 40 años, El Payo Juan Manuel hizo lo propio a través de sus canciones y procederes con la sociedad española. Juan Manuel Cardona Bonilla es la quintaesencia de lo español, para bien y para mal; no en vano ha vivido basculando entre su Andalucía natal y la Cataluña que le vio dar sus primeros pasos como artista (en pleno auge de la rumba y durante el subsiguiente esplendor de fiesteros como Peret, gente a la que ni Carmina Ordoñez podría haber seguido el ritmo en una farra), por lo que se puede decir que conoce la península de Norte a Sur. Mientras que medianías como Juan Manuel Serrat o Joaquín Sabina concatenan homenajes y parabienes, al Payo se le viene negando todo reconocimiento sistemáticamente, pese a ser mejor letrista que ambos tuercebotas. Y lo que es peor, su presencia en los medios (salvo el magnifico articulo que el ex The Refrescos y ex Petersellers Alberto Sobornez le dedicase en el nº 22 del seminal Fanzine Mondo Brutto) se reduce exclusivamente a entrevistas muy espaciadas entre si o comparecencias ante el cretino de Javier Cárdenas, agravios a todas luces inmerecidos tras todo lo que ha aportado a la nación. No digo que haya que beatificarle, pues seria El Payo el primero en declinar esta condecoración religiosa desde un Bingo, pero una festividad en su honor terminaría de equilibrar las cosas. Y ojocuidado, que aquí no hay uso alguno de la ironía o el sarcasmo, eh; si continuáis dudando vedle algún día haciendo el molinillo mientras sostiene un copazo en perfecto equilibrio, que para entonces guitarristas como Paco de Lucia os parecerán principiantes.
La cantidad de himnos que ha dado El Payo al acervo ibérico es algo que esta aun por superar. Auténticos himnos de autobús (tanto si se va a unas Convivencias siendo estudiante como si se acude a un puticlub en una macrodespedida de soltero) como El Mejillón, Me Corro Me Corro, La Cigala, El Pasota En Benidorm o Tapate María, de títulos ya de por si bastante elocuentes y dignos de un Nobel de Literatura, no como el moñas zoofílico ese del burro, Juan Ramón Jiménez. Himnos de los que se desconoce si están basados en el saber popular o es este ultimo el que se vale de ellos; sea como fuere, hay una retroalimentación y una simbiosis entre El Payo y el pueblo español. Porque sus letras, por mucho que los tíos de ahora vistan como afeminados y nunca salgan de casa sin su IPhone o cualquier mariconada similar, reflejan de donde viene, donde para (en un bar, SIEMPRE) y adonde va el ciudadano español. Se puede intentar camuflar con buenas formas y hasta conocimientos de protocolo lo que somos, pero el genoma esta marcado y nunca cambiara el arquetipo nacional masculino: ese salir de casa para llegar tarde al trabajo o absentarse del mismo, ese faltar al prójimo de forma gratuita mientras se conduce un coche feo cual ataúd con pegatinas, ese ir al bar a comer un menú del día y soplarse casi 2 litros de alcohol de distintas graduaciones en menos de una hora, ese volver (o no) al trabajo achispado y tener agarradas con clientes, compañeros y el payaso del jefe, ese pasar de nuevo por el bar antes de volver a casa a decir cosas a volúmenes absurdos mientras se ve el futbol o un debate entre fachas y rojos de mierda y, finalmente, ese subir ya al hogar y levantarle la mano a la parienta a falta de algo mejor que hacer antes de desplomarse sobre el sofá. Esto es así, y va implícito a toda letra del Payo, nos guste o no.
Tomemos por ejemplo una de las canciones mas bruscas de Juan Manuel, el clásico Niña, No Te Modernices, pese a que el single comentado sea otro. Aquí se evidencian gran parte de las constantes del Payo (la palma rumbera, los elementos sónicos ajenos a la rumba que integra en dicho genero, la dicción relajada y hasta incorrecta -ese descriminada legendario- pero pegadiza), dejando ver incluso la costura de sus influencias para con las letras, que no son otras que Emilio El Moro, el contexto social y el comentario tabernario de eructo y codazo (o codazo y eructo, tanto da). El estribillo, que responde a un muy español causa-efecto (donde la causa seria la liberación de la mujer según los patrones feministas sin mediar una transición que facilitase las cosas al Payo), reza un precioso, insuperable e inconcebible a día de hoy la cogí del cuello, la tire al colchón, me lanze hacia ella, la di un palizón. Por lista, y por puta. Una canción que podría tararear perfectamente Bibiana Aido, un poco por lo pegadiza que resulta y otro tanto por haber dejado ya la Cartera de aquel Ministerio de broma que regentaba, siempre y cuando se dejase de lado la falsa afectación que enmascara intereses de lucro personal. Porque aquí El Payo, de manera consciente o inconsciente, se marca una cancionaza inmortal mientras moja el dedo en colonia para meterlo en la llaga. Y así otras cuantas veces durante su voluminosa trayectoria (incontables singles y 33 lps según dice el mismo, amen de numerosas cassettes de gasolinera que le convierten en uno de los primeros artistas que abogan por la mixtape, adelantándose a otros visionarios como Fernando Esteso o el artista spoken word Manolo De Vega), la cual debería entristecernos saber que termino en la oficina de Vale Music, aquella vergüenza nacional. Ojalá Luis Calvo (Elefant Records), Tanis Abellan (Jabalina Música) o algún otro gerifalte de discográfica indie le ofrezca un contrato para tener en nomina, por fin, a un artista realmente independiente.
La cara a contiene un clásico popular que, humildemente, creo debería sustituir al horrísono himno nacional, ya que es infinitamente mejor y toda la población se lo sabe. Hablo, ni mas ni menos (y aquí deberíais hacer una reverencia tras leer el nombre), de Lairo Lairo, titulo precioso que evoca jolgorio como pocas cosas pueden. No creo que nadie lo desconozca, igual solo los lectores de otras latitudes, pero por si acaso, he aquí una breve transcripción de la porción mas famosa de su maravillosa letra: una vieja y un viejo van pal Albacete, y en mitad del camino va y se la mete (la mano en el bolsillo saca un billete). Todo bien regado de palmas y curiosos arreglos de viento, hasta el loquísimo parón de ponme una bebida que este de moda, que la beben los americanos, la Coca Cola, la Coca Cola, que se canta en el marco de un bar, como no. Y el simpático cierre con un recuerdo a los mas pequeños, cual Duque de Feria: una niña en un baile se lo chupaba, caramelo de menta que le gustaba. Ni que decir tiene que la versión en directo difiere cosa fina de la grabada, tanto por la presencia tangible de Juan Manuel y su atuendo (botas, pantalones acampanados de colores imposibles, camisas de cuellos uberdimensionados abiertas hasta donde abalorios y pelamen forman un uno, patillones recuerdo de La Legión, pelazo indomable, toda suerte de oropeles repartidos por muñeca y manos y gafas de sol Aviador de Benidorm en ocasiones muy señaladas) como por el sentido que confería a las letras. En directo podía optar directamente por hacer la rima soez, con lo que las diferencias entre grabación y actuación venían a ser casi un ejercicio semántico pocas veces visto (una vez oída la versión en directo la versión grabada siempre tendrá ese significado, pese a terminar las rimas con otros significantes) y el directo se convertía en un acto contracultural de primer orden, donde tenían cabida tanto la gerontofilia como la pederastia. Eso si es pansexualidad y no cuando un moderno se declara asexual por Twitter, coño ya.
La cara b entrega una de las facetas menos conocidas de Juan Manuel, la rumba seria (comienza como una sardana) con intenciones elevadas. Concretamente, el hermanamiento entre Norte y Sur en forma de homenaje charnego a Cataluña. Incorpora pasajes en catalán sencillito (Barcelona es bona bona, si la bolsa sona sona), tipo el que podía hablar en la intimidad durante aquellos pactos bizarros Josema Aznar con Jordi Pujol, y referencias varias a las excelencias catalanas (playa, clima, gastronomía y folklore) para terminar despejando toda duda acerca de su objetividad con un esto lo puedo decir porque yo no soy de aquí, ay, que yo soy de Sevilla, y ahora me he quedado aquí. Magnifico, de verdad. Que la cosa loca no ha de estar reñida con la concordia, y por eso, y por venir de quien viene, me lo creo.
Un single fundamental para descubrir a uno de los señores mas fenomenales de aquí. Si algún día veis una cassette en una gasolinera mientras aprovecháis para tomar un carajillo camino de Jaén y hacer de cuerpo antes de continuar la marcha no dudéis en comprarlo para ponerlo en sustitución de ese disco de mierda de Vetusta Morla que llevabais puesto. Y ya allí, tras haber parado en Casa Pepe a degustar una recia comilona rodeados de guardias civiles, aprovechad para visitar su Bar, El Rincón del Payo. Tanto o mas mítico que aquel Amador granadino al que cantasen Los Planetas.
El Payo Juan Manuel – lairo lairo
(Version regrabada con añadidos)

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