Y llegó la primera de las jornadas nocturnas de esta edición de Sonar, la del viernes 17 que empezaba bien temprano, así que sobre las 10 ya estábamos allí, con lo que aprovechamos la oportunidad para echar un vistazo de lo que se cocía en cada uno de los escenarios, y con la intención de comprobar cómo era ese nuevo y cacareado Sonar Car.
En Sonar Club encontrábamos el set de Vicknoise, bajo el nombre de Shelby Grey, su alias más cercano al synth pop y a la música disco, y era justo eso lo que escuchábamos en esos momentos, ramalazos de techno pop e incluso new wave, moviéndose por sonidos a lo Visage, Depeche Mode o, por supuesto, Human League.
En el Sonar Lab estaba el español Radiocontrol sacando chicha de la mesa de mezclas, tirando de electro bizarro, nu disco, high energy, incluso con homenajes a Michael Jackson o Cerrone por el camino.
El siguiente escenario era el Sonar Car, cuya nueva cabina era especialmente llamativa ya que constituía una especie de tren de la bruja, rematado con figuras de la factoría Disney; por lo que daba la impresión de que estaba patrocinado por la compañía del ratón.
El encargado de estrenar este escenario era Carlos Jean, que se había dejado de Planes B, y se sometía a un set de toda la vida, tirando de tech house pistero y asequible, apto para todos los paladares, especialmente para los menos exigentes.
Por último, un vistazo al Sonar Pub, escenario que pisaría poco durante este Sonar, para comprobar queMouseUp elaboraba una sesión de tech house psicodélico.
Ganando por goleada el set de Radiocontrol, decidí quedarme en el Sonar Lab hasta el comienzo de la primera de las actuaciones estelares de la noche, que no era sino la corta, pero seguramente intensa, experiencia que nos traía el germano, y capo de Raster Norton, Alva Noto y el japonés, y ex Yellow Magic Orchestra, Ryoji Ikeda, con su proyecto conjunto Cyclo.
Allí estaban estos dos irreverentes genios de la electrónica, parapetados tras sus latops con una puesta en escena gélida, algo palpable incluso en sus oscuras vestimentas.
Empezaron a emitir unos sonidos crepitantes y sintéticos que iban sincronizados con las imágenes que se proyectaban en las pantallas colindantes, imágenes que no eran sino grafismos primarios pero que ganaban intensidad con ese flirteo que ejercían con el sonido que salía de las maquinas de los artistas.
Tras la escasa, pero intensa media hora, de este proyecto, se daba una vuelta de tuerca en se mismo escenario para recibir a The Human League, la clásica banda de synth pop británico que venía en aras de presentar su nuevo, y regular, disco que sin ser del todo malo, si que no supone un salto cualitativo en la casi olvidada, de manera injusta, carrera del grupo.
Un fulgurante blanco, tanto en el escenario como en los instrumentos, era el predominante en la sobria puesta en escena que habían preparado, en contraposición con las ropas oscuras que vestían la mayor parte de los miembros de la formación.
Las féminas Joanne Catherall y Susan Ann Sulley, flanqueando a un veterano Philp Oakey, nos soltaron su repertorio de hits, comenzando por uno de los temas de su último álbum, Credo, concretamente Never Let Me Go, pero por fortuna, no se centraron demasiado en este último trabajo y prefirieron, para delicia del que suscribe y de los fans allí congregados, centrarse en los éxitos de siempre.
Tras Never Let Me Go, sonaron clasicazos como Tell Me When, The Sound Of The Crowd, Lebanon, Empire State Human, Love Action, All I Ever Wanted, Mirror Man o ese mega hit imperecedero e intergeneracional que es Don’t You Want Me, aunque alternando con algunos de los mejores temas de Credo, como Egomaniac o Night People, todo ello acompañado por atrayentes visuales que se proyectaban en la enorme pantalla que presidia el escenario.
Y cuando parecía que el concierto había finalizado, la formación volvió a escena para rematar con dos bises en forma de clásicos, empezando con el seminal Being Boiled y clausurando con el emotivo Together In Electric Dreams.
Enorme y apoteósico concierto, especialmente bueno para los que, como yo, era su primera vez en un directo de este grupo. Nos ofrecieron un repertorio lleno de hits, dando la importancia justa a su nuevo trabajo, y sin rarezas de ningún tipo (aprende Brian Ferry).
Y de los maestros, a unos alumnos aventajados que beben directamente de las influencias aportadas por la banda de Oakey, es decir, los australianos Cut Copy, que ya llevaban medio concierto cuando llegamos al Sonar Lab, pero que aún les quedaba bastante por soltar.
La banda de las antípodas destilaba energía por los cuatro costados, con Dan Whitford sudando a chorros mientras cantaba, cogía la guitarra o le daba al teclado y las percusiones, sin parar un segundo en el escenario.
En este caso sí que parecía que la actuación se centraba en su nuevo, y genial disco, Zonoscope, regalándonos cortes como Pharaohs & Pyramids, Need You Know o Take Me Over, aunque sin olvidarse de su segundo y no menos bueno trabajo, In Ghost Colours, del que llegamos a escuchar el pegadizo Hearts Of Fire.
La verdad es que lo poco que pudimos ver del concierto de esta talentosa banda, dichosos colapsos de actuaciones, nos dejo un muy buen sabor de boca.
Vuelta al Sonar Club para hacer sitio para la otra actuación estrella de la noche, la de la simpar M.I.A., que prometía una actuación única e irrepetible, pero antes había que soportar la sesión del holandés Munchi, un set bastante petardo, lleno de nu rave tribal de medio palo, pitiditos a tutiplén y ritmos bastante chabacanos, que parecían hacer gozar al público asistente pero que a mí, personalmente, no me atraían en absoluto.
Tras la sudorosa actuación de este dj, y con algo de retraso, dio comienzo la actuación de M.I.A., aunque Maya tardó en aparecer, ya que primero unas melodías y canticos hindús rematadas por unos místicos visuales, con la Diosa de la Fortuna en casi todos ellos, formaban el inusitado prologo del concierto.
Por fin apareció la diva, en fundada en traje, que no tardaría en quitarse, y parapetada con una peluca rubia y gafas de sol; se subió a un atril con falsos micrófonos, aludiendo a una suerte de discurso político, con lo que ya nos anunciaba lo que íbamos a encontrar durante esa actuación, con exótica bailarina incluida.
Nuestros pensamientos no iban mal encaminados, Maya basó su concierto en el repertorio más incendiario y propagandístico, en un constante alarde de falsa rebeldía y algo de demagogia.
Comenzando suave con el tema Sunflowers, enseguida dio paso a la viscelaridad del genial Galang, pero que quedo enturbiado por el afán de la artista de lanzarse al público, algo que repetiría en varias ocasiones provocando el caos en una asistencia enfervorecida y bastante perjudicada a esas horas de la noche. También cabe destacar sus constantes salidas de tono, al subirse a la plataforma de los altavoces o sus momentos de líder espiritual del pueblo reprimido.
Tras este comienzo, llegarían 10 Dollars, Bucky Done Gone, Bird Flu en clave technera, Boyz o Hussel, que motivó la aparición del mc African Boy, que llegó para quedarse hasta el fin de la actuación.
El momento Paper Planes no tardó en llegar, con lo que el jolgorio fue máximo, y marcó el principio de la parte más guerrillera del concierto con bombas como XR2, Illygirl, Meds And Feds o Born Free, con bailarín pelirrojo incluido, en homenaje al polémico clip del tema, y que se remató cuando la británica de ascendencia hindú permitió la subida de parte del público al escenario, formando una fiesta entre subversiva y reivindicativa.
Cerrando con Story To Be Told, más pausada pero igual de incendiaria, la artista se despedía de una de las actuaciones más descaradas y directas que he tenido la oportunidad de ver.
Por supuesto que seguiré escuchando a Maya, me encanta su música y no hay que negar que el repertorio del concierto fue de lo más atrayente pero la actitud de la cantante me pareció fuera de tono, transcendiendo lo puramente musical y haciendo gala de una demagogia que si bien me la esperaba en parte, no en unas cantidades tan desmedidas. Maya seguirá en mi autoradio o en mi mp3 pero dudo que repita otra actuación de esta guerrillera.
Una gran decepción la que me llevé de una de las actuaciones que más esperaba desde hace años, pero por suerte allí estaba Scuba para paliar el disgusto.
Con un escenario menos concurrido y un cambio de tornas en la gente que asistía al set del dj británico, la cosa empezaba a pintar bastante bien, y es que el capo de la aclamada plataforma Hotflush, decidió minimizar la dosis de dubstep para centrarse en un techno pistero en toda regla, con un sesión donde predominaba el 4×4 y el baile sin concesiones, sin hacer ascos al Detroit mas puro o a la lisergía ácida.
Pero esto era solo el calentamiento para lo que venía a continuación, y es que le tocaba el turno a ese genio que es Richard D. James, el mismísimo Aphex Twin, que lo que hizo fue ofrecernos una lección magistral de techno en todas sus vertientes en lo que parecía un set con formato de live, donde el misántropo personaje imprimía su toque personal en todos y cada uno de los tracks que expendían sus platos.
A destacar su divertido juego de imágenes, donde una cámara captaba al público de las primeras filas, y con un divertido efecto, las caras de los presentes eran intercambiadas por la propia face de Aphex, a modo de los clips de Windowlicker o Come To Daddy, para regocijo y sorpresa de los afectados.
El maestro de Warp y R&S no hizo sino alarde de lo que realmente es, uno de los pocos genios vivientes de la electrónica, sentado al fondo del escenario, haciendo gala de su misantropía y egocentrismo, y con los juegos visuales y sus juegos sonoros quitándole protagonismo nos hizo participes de una sensación única, bestial e irrepetible.
Comenzando con una intro ambiental, rápidamente el set viró hacía el electro industrial con lo que parecía ser la base el Running de Information Society, con la que estuvo jugando buen rato, hasta que empezó a soltar los primeros trallazos ácidos, como el Video Clash de Lil’Louis o la lisérgica melodía del Higher State Of Conciousness de Josh Wink, con la que también jugó hasta el punto de hacerla irreconocible por momentos.
A partir de ahí, dio un paso más allá para introducirse por el acid techno, el hardcore mas puro y la rave absoluta, regalándonos maravillas como el Jesus Loves Acid, y alternando con la idm mas provocativa o el ambient estremecedor con inclusión temas propios, extraídos de sus Selected Ambient Works.
Alternando momentos realmente brutales con otros relajados, en una constante montaña rusa de emociones y sonidos, empalmando el tétrico Masked Ball de Jocelyn Pook con un techno conciso y regalándonos maravillas como el I-9 de Jeff Mills, alguno de sus cortes como AFX o la vertiginosa remezcla que hizo del We Have Arrived del proyecto de hardcore industrial Mescalinum United.
Y para rematar un momento final que supuso una autentica ida de olla, de esas que tanto le gustan, con sonidos deconstruidos, serruchos sonoros y filigranas sónicas de las que hacen sucumbir a las mentes más sensibles. Una orgia de sonidos imposibles que de manos del señor D.James no hace sino sonar a gloria.
Después de semejante actuación, considerada, por mí, y desde ya como lo mejor de esta edición, había que mantener el tono, y que mejor que dirigirnos al Sonar Car donde estaba teniendo lugar el showcase de la gente de Natura Sonoris.
Cuando llegamos al nuevo escenario, Sistema estaba finalizando su live y el capo del label, que no es otro que el siempre competente Henry Saiz, se disponía a llevar a cabo su set.
Saiz comenzó tirando de su sonido habitual, ese delicado techno psicodélico plagado de melodías, con cierto toque a lo Border, pero totalmente destinado a la pista de baile, pero que, al cabo de un rato, se alternaba con unos sonidos más contundentes y directos.
Nuestro amigo tenía preparado un repertorio compuesto en su mayor parte por lanzamientos de su propio sello, pudiendo captar algún tema propio, como el Lady In The Mirror, que dio el pistoletazo de salida a la actuación, además de alguno de Cora Novoa, e incluso nos pareció percibir alguna de las remezclas del Chaotisch Serie de Max Cooper o la famosa remezcla que hizo del Lamur de Guy J y que le valió un gran reconocimiento internacional.
Después del buen set de Saiz, tocaba dar una vuelta para ver que se cocía en los cierres de este año, así que en primer lugar fuimos hacía el Sonar Lab donde estaba el canadiense Tiga repartiendo tech house festivo a diestro y siniestro, con la bendita casualidad de que dejó sonar, en ese mismo momento, la divertida remezcla que el propio Tiga hizo del I Can Change de LCD Soundsystem; sabiendo que James Murphy estaba cerrando el Sonar Pub unos metros más allá.
Y de Tiga al sonar Club, donde estaba el alemán Boys Noize tirando de nu rave rabiosa y pistera, con un sonido cercano al electro tech de Vitalic, pero cuando ya me disponía a retirarme percibí los acordes del Flash de Green Velvet por en medio y allí me quedé, mientras sonaba este hit rompepistas, para irme con buen sabor de boca, a pesar de los agridulces momentos vividos en algunas de las actuaciones de la jornada.
Tocaba retirarse que aún quedaba gran parte de Sonar por delante, pero con la sensación de haber vivido grandes momentos, especialmente gracias a una vieja formación ochentera que sigue en plena forma y a uno de los grandes maestros de la electrónica de todos los tiempos.
También podéis ver la perspectiva de mi compañero Jordi Ares en Mixisde.
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