Crónica: Sonar Sábado – Noche
Bien temprano empezaban los platos fuertes en la edición nocturna del Sábado en Sonar, factor que fue el que me obligó a abandonar el Sonar Día antes de lo que hubiera querido, pero es que el mismísimo DJ Hell iba a ejercer un set previo al concierto de Roxy Music y eso era algo imperdible.
Cuando llegamos al Sonar Club, el señor Geier estaba pinchando el The Robots de Kraftwerk, para seguir con una sesión ligera y agradable, llena de melodías y electrónica cercana al pop, hasta que se produjo un parón, tras el cual el capo de Gigolo dejo sonar una suerte de opera electrónica, mientras un figura femenina, ataviada con un traje de monje, subía a la tarima colindante.
Un épico y orquestal sonido fue la señal para que la chica se desprendiera de la túnica y pudimos ver que llevaba un espectacular y ajustado traje hecho del mismo material que las bolas de discoteca, de forma que al incidir los laseres en el, producían un espectacular efecto que subía unos grados cuando la chica empezó a moverse al ritmo del U Can Dance, el corte que Hell ha grabado junto a Bryan Ferry, y que sonó bajo la forma del remix de Carl Craig.
Tras acabar el tema, se dio por finalizada esta sesión, con sorpresa incluida, y se empezaron los preparativos para el inminente concierto de Roxy Music, que volvían a unirse tras casi tres décadas de separación.
Por fin saltó la banda al escenario, aunque al principio sin Ferry, pero si ese gran productor que es Phil Manzanera y su sempiterna guitarra, así como Andy McKay y sus vientos, amén del batería, y una cohorte de músicos de primer nivel, incluidos unos esplendidos coros, una preciosa violinista y teclista, tan bella como competente o un jovencísimo guitarrista que demostró sobradamente que tenía un futuro más que prometedor con ese instrumento.
Manzanera fue el que empezó a romper el hielo, demostrando porque es uno de los grandes virtuosos de la guitarra electrónica, hasta que Brian Ferry apareció acompañado de una enorme ovación por parte del público allí congregado, que, en su mayor parte eran acérrimos fans de esta clásica banda, emblema del glam rock.
Por supuesto, no faltaron los aires que portaba Ferry de dandy y estrella, conocidos por todos y que, según las malas lenguas, fueron la causa de que el otro Brian (Eno), dejara la formación para empezar su carrera en solitario y convertirse en el señor del ambient y en pareja artística de hecho David Byrne. Esto lo demostraba con su ya conocida postura de circunstancia, sus sensuales meneos de cadera, su aire a lo crooner clásico o su táctica de dar la espalda al público para volverse en los momentos álgidos.
Empezaron con el enérgico Remake, Remodel, uno de los temas de sus inicios, pero a partir de ahí la cosa fue decreciendo de una manera increíble, y es que el concierto derivo en un show solo apto para fans, tirando de temas casi desconocidos y mucha balada desangelada, de forma que los únicos momentos realmente atractivos era cuando Manzanera o McKay ejercían sus solos, derrochando maestría y dando clases de cómo hay que tocar un instrumento.
Como el aburrimiento se adueñaba de mi persona, y sabiendo quién estaba actuando en el Sonar Pub en esos momentos, decidí retirarme justo cuando sonaba el único tema reconocible del repertorio, Jealous Guy, pero ya no tenía ganas de quedarme a comprobar si sonaban emblemas como Love Is The Drug, Avalon o Do The Stand.
De esta forma, llegué al Sonar Pub a tiempo de presenciar buena parte del concierto del islandés Jonsi, el líder de la formación Sigur Ros y calificado como el personaje más popular de su país, después de la simpar Bjork.
Y a pesar del paupérrimo sonido de este escenario, como se ha comprobado en multitud de ocasiones, este polifacético artista nos mostraba el poder de su aguda y andrógina voz, para repasar las innumerables bondades de ese pedazo de disco que es Go, donde se percibe la filosofía épica, existencialista y algo mística, pero con toques mucho más luminosos y optimistas
Todo eso llevado al escenario, y con una gran puesta en escena, en la que Jon aprovechaba para mostrarnos sus dotes de actor teatral, nos regalaba unos momentos inolvidables, que por unos momentos parecían recordarnos a Animal Collective y por otros nos hacían recordar la actuación de la nórdica Fever Ray, en ese mismo escenario, y justo un año antes.
Con una inusitada fuerza en los teclados y en las percusiones, y un Jonsi en constante movimiento, que iba del piano a los tambores, y de un extremo a otro del escenario, sin dejar de realizar aspavientos, pudimos disfrutar de piezas tan enérgicas como Go Do, Animal Arithmetic o Around Us, alternando con momentos tan introspectivos como Tornado o épicos como ese espectacular Grow Till Tall que tiene uno de los finales mas épicos y sorprendentes que se puedan imaginar.
El concierto acabó con un Jonsi eufórico, portando un sombrero de jefe indio, y sin parar de dramatizar ni siquiera cuando salió a despedirse con un diplomático saludo, cual actor que acabara de finalizar una obra de teatro. Gran momento, sin dudas, el que nos brindó el islandés.
Tras este, de vuelta al Sonar Club, donde estaba actuando otro personaje de órdago, como es el inclasificable rapero Dizzee Rascal, que ejercía un concierto sumamente divertido, donde el hip hop se volvía divertido y contundente, y a ratos flirteaba con el UK garaje y a ratos rayaba el electro house mas potente.
Pero poco duró esta incursión, ya que estaba a punto de comenzar, en el Sonar Lab, una de las actuaciones más esperadas por un servidor, la del proyecto británico Fuck Buttons, formado por dos freaks de la electrónica y el rock y que han facturado uno de los mejores largos del pasado 2009, como es el espectacular Tarot Sport.
Y en eso se basó este live, ni más ni menos que en la traslación en vivo de esta enorme pieza de orfebrería sónica, y es que este largo ha sido concebido para este mismo menester.
Pocas piezas suenan tan potentes en directo como las incluidas en este trabajo, producido por el ex Sabres Of Paradise, Andrew Weatherhall, y pocos sonidos consiguen retorcer el post rock para llevarlo a los parajes de la psicotrónica mas melódica y enérgica.
Una mesa presidia el escenario del Sonar Lab, y con cada uno de los miembros del proyecto a un lado de la misma, para tocar, retorcer y manejar las enorme cantidad de botones, aparatos, sintetizadores y otras maquinas que descansaban entre una desordenada maraña de cables y circuitos dándole un aspecto de made at home.
Con furia rockera, ambos integrantes manejaban con soltura los aparatos, e incluso Benjamin, uno de los miembros del grupo, daba su toque mas nu metal, micrófono en mano y gritando palabras a modo de cantante metalero o golpeando con furia la improvisada percusión que tenía a su lado.
No pudimos sino maravillarnos ante la escucha de temas como Surf Solar, Rough Steez, Space Mountain, Phantom Limb o el maravilloso Olympians, todos ellos decorados con excelsos graves y toques analógicos que penetraban hasta el fondo de tu alma, en una actuación hipnótica y bailable a partes iguales, y llevada a cabo con una precisión. Sin dudas nos encontramos ante los dignos sucesores de las bandas electrónicas actuales como The Chemical Brothers u Orbital, al menos en lo que ha confección de lives se refiere. Veremos cuanto les queda para los espectáculos audiovisuales.
Tras este gran momento, tocaba echar un vistazo al otrora maestro de la electrónica Matthew Herbert que presentaba su proyecto en solitario, y sin su Big Band, One Club en el Sonar Pub.
Y la verdad es que hay que decir que la ida de olla que parece denotar este productor estaba más que patente, con un live que acudía a la electrónica mas retorcida y afilada en la que cabe pensar, con ritmos como serruchos y sonoridades surrealistas, que llevaron a la estampida de la gente que ocupaba ese escenario hasta ese momento. Ahora que hemos comprobado esta locura del señor Herbert, miedo nos da esa anunciad bizarrada llamada One Pig, que dios nos pille confesados.
Y regreso al Sonar Club, para prepararnos para el momento más multitudinario de la noche, aunque aún faltaba para que los hermanos químicos se subieran al escenario, lo que vino de perlas para disfrutar del set del británico Gary McCann, más conocido como Caspa, que tiraba de dubstep electrónico y potente, con el MC Rod Azlan acompañando en la parte vocal.
En poco tiempo el escenario del Sonar Club se llenó hasta los topes, y es que era innumerable la legión de fans que querían ver de cerca a esos ídolos de la electrónica, y de la música contemporánea en general, que son The Chemical Brothers, que venían a presentar Further, su flamante, y recomendable, nuevo disco.
Por fin, Ed Simmon y Tom Rowland, aparecieron en el escenario, a los mandos de su nave espacial, y comenzaron a sonar los primeros acordes de Snow, el tema con el que abre este nuevo disco, acompañado de unos psicodélicos visuales, para seguir con el más contundente Escape Velocity y el psicodélico Another World.
La situación en este espacio empezaba a volverse insostenible, debido a la enorme congregación de personal en el mismo, en especial mucho pseudo maquinero con ganas de fiesta y de ver a este histórico proyecto en vivo.
Viendo que la tónica iba a ser la de tocar el disco tal y como suena en el reproductor, con el mismo orden y concierto, y sabiendo que el resto del repertorio sería el de esos hits que ya hemos oído unas cuantas veces en directo, es decir, que la innovación iba a ser de cero, incluyendo los visuales que támpoco parecía que iban a revolucionar demasiado, opte por retirarme a un escenario mas cómodo.
Sabiendo que el gran dj y productor británico Ralph Lawson, ofrecía un live con su proyecto 2020 Soundsystem, decidí dirigir mis pasos hacía allá, y desde luego que creo que tome la decisión correcta, ya que tuve el placer de disfrutar de una de las mejores actuaciones de este Sonar.
Sobre el escenario, y frente a un público más bien escaso, ya que los Chemical se encargaron de vaciar el resto de escenarios, Lawson ejercía de maestro de ceremonias, con su laptop, sus secuenciadores y su mesa de mezclas, mientras el soundsystem, formado por teclados, guitarra y batería, se encargaba de poner el resto.
Lawson hizo salir los temas incluidos en su último largo, el divertido, a la par que elegante, Falling, y que en directo suena a las mil maravillas.
Del tech house festivo y ácido de temas como Broken se pasaba al poderoso tech funk de Dark Matters o al electro tech contundente y psicodélico de Bisco, sin olvidarnos del tech house, rozando el synth pop, de temas como Ocen o Slidding Away, con unos vocales aportados por el mismo guitarrista de la formación.
Apoteósico fin de fiesta, con una sincera ovación de la gente allí congregada y una sonrisa de Lawson, denotando el trabajo bien hecho.
Después de este gran momento, una visita al Sonar Lab, donde estaban dos de los más conocidos miembros del colectivo LuckyMe, concretamente Eclair Fifi y John Computer, con una sesión a cuatro manos, muy cañera ya que estaban tirando de nu rave y electro tech divertido y contundente, pero que al final derivó en una sucesión de hits radioformuleros como el Get Get Down de Paul Johnson, el Push The Feeling On de The Nightcrawles o incluso el Africa de Toto.
Como había ganas de buen techno, pusimos rumbo al Sonar Club, donde el gran dj español Angel Molina le daba a la contundencia techno, con unos sonidos lustrosos y de enorme bassline, pero que al cabo de un rato resultaban algo pesados y lineales, incitando a cierto hastío, solo salvado por la inclusión de perfectos loops y efectos. Eso sí, nada que objetar respecto a la impecable técnica de este dj, que volvía a demostrarnos porque es uno de los mejores del país.
Y tras Angel, le tocaba el turno a esos dos monstruos que son Dave Sumner, más conocido como Function y Karl O’Connor, al que todos conocemos como Regis, como representación de su proyecto Sandwell District y que venían con un set a cuatro platos, o mejor dicho, a dos laptops.
Solo cabe decir una cosa de esta pareja: realmente brutales, consiguieron despertar al público de una manera increíble con ese techno divertido, poderoso, lleno de energía y del que era imposible escapar, llevándote al baile frenético en un abrir y cerrar de ojos.
Con un Regis bastante divertido, gastando bromas con el público y con el propio Sumner, que estaba algo más serio y concentrado, este combo británico nos regalo un musicón de primera calidad, techno de altos vuelos, plagado de calidad y contundencia rítmica.
Pudimos disfrutar de temas como ese clásico imperecedero que es Model 8 de Lemon 8, aunque también me pareció escuchar trallazos como el que ha facturado Function junto a Jerome Sydenham, el No Time Soon de Mark Broom & James Ruskin o el Psychosis de Ben Sims.
Pero tan absorto estaba con esta gran sesión que casí me olvido de que Hell estaba cerrando el Sonar Pub, por lo que me dirigí hacía este escenario, con el día ya establecido sobre el mismo, y con el capo de Gigolo partiendo la pana como solo él sabe.
Allí estaba sonando electro tech divertido, lleno de ritmos rugosos, bases infernales y mucho hedonismo electrónico; sonidos musculosos y muy bailables, y temas vocales de esplendida factura, hacían proclive la formación de una fiesta de padre y señor mío en estos últimos estertores, y con momentazos como cuando pudimos escuchar ese clasicazo que es House Nation de The Housemaster Boyz.
Por supuesto, allí estaba la bailarina que había acompañado a Hell en su primer set, haciendo la previa a Roxy Music, y de nuevo en una tarima al lado del púlpito donde el maestro alemán desprendía su discurso sonoro, aunque esta vez ataviada con una ropa más normal.
Por fin, tras un delicioso tema vocal de electro tech delicado y sintético, Geier paró la música y se despidió del público mientras la cortina se cerraba, dando por finalizada una nueva y apoteósica edición del Sonar.
También podéis ver la crónica de Jordi Ares en Mixside.
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