Que difícil es hablar de un artefacto como este. An Electric Storm de The White Noise (da igual el artículo) es algo ante lo que descubrirse en cada escucha mientras se concede a lo que oímos toda la atención posible y hacemos un esfuerzo por incrementar dicha capacidad. El disco bien merece lo anterior, e incluso una ovación de 5 minutos tras terminar de escucharlo, tanto si es una audición individual como si es grupal. Los parabienes no son tanto por las innumerables innovaciones musicales de las que hace gala An Electric Storm a lo largo de las siete piezas que lo conforman (Love Without Sound, My Game Of Loving, Here Come The Fleas, Firebird, Your Hidden Arms, The Visitation y The Black Mass-An Electric Storm In Hell) como por el sorprendente hecho de que no suena dos veces igual. Años llevo escuchándolo en repetidas ocasiones y, si bien es cierto que la percepción de la música depende en gran medida de diversos factores personales (circunstancias, lugares, estados anímicos, etc), la mayor parte del mérito es del disco. Nos encontramos ante uno de los discos más importantes del pasado siglo XX; para el que esto escribe, sin ir más lejos, valen más dos segundos de The Visitations que toda la discografía de los sobrevaloradísimos Beatles. Tras esta aseveración, intentad lapidarme como pretendían con Amina Lawal, que ya encontraré el modo de que me absuelvan.
Bebiendo un poco de Raymond Scott, otro poco del kraut rock, de los espíritus inquietos de Robert Moog y Leon Theremin (así como de los fascinantes nuevos instrumentos resultantes de dichas inquietudes, el sintetizador y su precursor,el muy bizarro theremin) y sobre todo por su educación musical clásica, el americano David Vorhaus y los ingleses Brian Hodgson y Delia Derbyshire (ambos miembros de The BBC Radiophonic Workshop desde varios años atrás, en las épocas en las cuales todavía se permitían cosas como la experimentación y el talento en los medios audiovisuales estatales) se las apañaron, todavía no se sabe muy bien cómo, para sorprender a las diez mil personas que compraron su disco en 1968 y a bastantes más oyentes en los años sucesivos. Es imaginar la expresión de, yo que sé, un inglesito de Leeds cualquiera al poner la aguja en An Electric Storm (y, consiguientemente, empezar a escucharlo) y me sonrio a mi mismo, aunque esto sea propio de personas seriamente enajenadas: desde un what the fuck?! clásico maldiciendo con el puño por haber comprado tamaña mierda al socorrido fucking shit mientras deja el disco sin quitar y sale de casa dirección de la tienda donde compró el disco para tener unas serias palabras con el empleado que se lo recomendó hace no más de 20 minutos, con todo el abanico de sensaciones que se os ocurra entre medias. Extrapolandolo a nuestra triste península y realidad, lo más parecido en cuanto a reacciones del oyente sería ponerle a un cani algo de John Cage o el Metal Machine Music de Lou Reed ante su petición de musicón. Para que luego nos sorprenda diciendo que se quiere bajar el politono porque le ha gustado.
Aquí también cabe la experimentación propia del jazz, aportada por el batería Paul Lytton y alguno de los múltiples vocalistas, aficionados del género. Curiosamente, y pese a decir antes que The White Noise estaban influenciados por la aparición del sintetizador, no llega a sonar este instrumento en ningún pasaje del disco, por mucho que parezcan intuirse entre la amalgama de ruidos tratados, cortados y editados. Esa es otra: aquí se inventa el corta y pega que tantas alegrías daría décadas después a géneros como el ambient, el hip hop, el trip hop, la idm, el glitchcore y el illbient. Sin dejar de lado la comparación con los torpes Beatles (comparados con el grupo que hoy me ocupa) del primer párrafo, es necesario apuntar que ya sólo en los dos minutos quince segundos de Here Comes The Fleas hay más ediciones que en todo el Sgt. Peppers, y hablamos de cuando las ediciones requerían de pletinas de cassette pleistocénicas, paciencia infinita, espíritu revolucionario (para repetirlas tantas veces como fuera necesario hasta llegar a un sitio desconocido en lo musical) y tener las ideas muy claras en su forma abstracta mental, de tal modo que pudieran plasmarse de la manera más próxima posible a un sonido capturable en algún formato físico, con vistas a permanecer capturado sin más o ser manipulado hasta acercarse a lo pretendido, pues a veces la manipulación era imprescindible para llegar a lo pensado debido a la tecnología de la época, incapaz de reproducir el sonido desado de buenas a primeras. Así pasa que al oyente poco atento le puede parecer An Electric Storm un recopilatorio de efectos de sonido con melodías aisladas en vez de la obra maestra que es, cosa imposible de defender en directo. Lo más parecido para explicar la imposibilidad de su exposición en el formato directo quizá sea esa pregunta de Homer Simpson a la dobladora de Rasca y Pica en la inigulable serie acerca de si los dibujos animados eran en directo. Ya me entendéis.
¿Y la música? Pues como una película del David Lynch más onírico e introspectivo, en las que sólo vale la opinión subjetiva tras atravesar el drama, el horror, la comedia, el romance, el absurdo y miles de géneros más. De hecho sería una genial banda sonora para Carretera Perdida, Mulholland Drive e Inland Empire; para las películas enteras o para ciertos pasajes. Como esto no sirve para aclarar gran cosa, que mejor que lo que escribieron en la contraportada del disco los responsables del mismo, bajo la ingesta de peyote o algún similar probablemente:muchos sonidos nunca han sido oídos (por los humanos).Algunas ondas sónicas no se escuchan (aunque te alcancen). Las técnicas stormstereo combinan cantantes, instrumentistas y un complejo sonido electrónico. La intensidad emocional está al máximo así. Os quedais igual que antes, ¿no?. Entiendo. Y tampoco existen entrevistas con David Vorhaus que ayuden a describir el artefacto, pues se mostraba reacio a hablar de él, un poco por aquello de dotar a su obra de mayor misterio y otro por el miedo a estropear su creación con un par de tonterías dichas a destiempo que le resten valor. El muy pájaro comparte no pocas cosas con el último genio real de la electrónica, Richard D. James (Aphex Twin, entre otros alias menos conocidos e innumerables debido a que muchos esperan una confirmación real por su parte de que le pertenecen), y no sería de extrañar que también padeciera ese bizarro desorden sensorial llamado sinestesia, bien desde su nacimiento bien por la contínua ingesta de drogas alucinógenas. Si, el disco es sinestésico. E imprescindible. No pocos artistas consagrados hoy le deben todo lo que se han atribuído de él y han intentado hacer pasar por propio, sin conseguir llegar a la mitad de su calidad.
Tracklist e información:
Vinilo. 12¨(SW 9303). Island Records (US). 1968
| A1 |
White Noise |
Love Without Sound (2:57) |
| A2 |
White Noise |
My Game Of Loving (3:38) |
| A3 |
White Noise |
Here Come The Fleas (2:31) |
| A4 |
White Noise |
Firebird (2:43) |
| A5 |
White Noise |
Your Hidden Arms (4:25) |
| B1 |
White Noise |
The Visitation (11:45) |
| B2 |
White Noise |
The Black Mass-An Electric Storm In Hell (7:04) |
Video:
The White Noise - here come the fleas
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